Javier García
Javier García

Sebastián Bauzá

Las infamias están hechas para destruir a una persona y a su familia. A un delincuente no le molesta que lo traten como tal, a una persona de bien se lo destruye cuando se le inventa una mancha.

Y las infamias son como las manchas en la ropa, uno las frota para limpiarlas, pero siempre algo queda. Por eso es tan miserable el instrumento.

Sebastián Bauzá, futbolero, empresario y odontólogo, no tuvo mejor idea que entregar buena parte de su tiempo a presidir la AUF. El dinero, el poder y el fútbol se conjugan ahí. Es tanto el dinero, además, que el poder se ve muy atraído y por lo tanto la corrupción revolotea cerca. Bauzá le devolvió al fútbol uruguayo dos orgullos: su selección nacional competitiva en el mundo, y además la honestidad a un ambiente corrompido hasta la náusea. El poder no le perdonó que los acorralara. No se lo perdonó ni el poder económico ni el político, y se juntaron para sacarlo del medio primero, y luego para enchastrarlo y matarlo civilmente.

Desde la cúspide misma del poder, el expresidente Mujica y sus amigos de Tenfield, el Pato Celeste, representante de la decadencia en que caímos, y la presidencia de la Mutual de futbolistas ejercida por un diputado del grupo de Mujica, se urdió la trampa que lo tiró. Era un obstáculo para sus negocios; era despreciable porque era honesto. Mujica le sacó la Policía de las canchas luego de un partido que terminó en disturbios, y eso fue letal, fue el golpe de gracia. El resto era esperar.

Como si fuera poco, apenas entró en la Conmebol, esa estructura corrompida hasta el hueso, empezó a averiguar, a preguntar a dónde iba la plata, quién se llevaba la torta televisiva; empezó a oler tajos y coimas. Lo mismo que aquí, sabía que había dos posibilidades, porque se las explicaron: hacer plata para él y para ello lo único que tenía que hacer era mirar para el costado, o defender el deporte y no permitir que fuera una cueva de ladrones.

Como no se rindió, uno de los estafadores lo involucró. Sabía que era limpio y que su bolsillo no se rendía, pero lo metió para adentro por aquello de que el barro siempre algo deja. Iba a tener que demostrar que no era otro ladrón del fútbol. Sufrió él y su familia. El poder político de aquí —con Mujica a la cabeza aliado con aquellos que veían peligrar plata que no les correspondía y los corruptos de la Conmebol— le tiró a matar. Lo atacaron por todos lados, hasta le llovían las inspecciones en su empresa, pero lo peor de eso es que una vida de rectitud y trabajo era manchada. Siempre hay gente que duda, que aunque lo conozca dice: ¿y algo no habrá? Es la aureola que deja la mancha. Primero fue el FBI que ante la investigación lo descartó, era, si no el único, el más notorio de quienes quedaban por fuera de todo dolo. Después el calvario de dos años de investigación judicial, de sus cuentas, de su familia, y hasta increíblemente (¿increíblemente?) le adjudican un dinero en una cuenta de su familia por equivocación. Pero la Justicia deslindó luego toda responsabilidad de Bauzá. Y ahora, lo que faltaba, uno de los coimeros en un audio dice que la coima va a ser más barata, porque se ahorran lo que el uruguayo no recibía porque es honesto.

Lo más sucio de un complot político/empresarial no pudo con la honestidad de Sebastián Bauzá. Es esperanzador y señal que hay otra forma de conducirse en la vida, mal que les pese a los corruptos.

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