Javier García
Javier García

Rebelión de banderas

Los símbolos nacionales, nuestra bandera y escudo, quedaron por mucho tiempo fuera de uso. Las fechas patrias, con el corrimiento de los feriados, prácticamente olvidadas. Nuestro himno lo cantamos casi a la sordina, muy tímidamente.

Desde hace unos cuantos años, desde que asumió el FA, el escudo fue hasta cambiado sin previo aviso, no se usó más y apareció un nuevo sol que Vázquez quiso imponer como signo refundacional del país. En estos bodrios que nos propinan, cada pocos días, mediante cadena nacional, aparece ahora el pixelado de nuestra bandera. Nunca la original.

Somos una nación joven de apenas unos doscientos años, y además muy republicana a pesar de los intentos en contrario, y eso es gracias a nuestro ADN artiguista y liberal. Somos además un pueblo muy modosito, de poca estridencia. En términos futbolísticos si se nos ubicara en la cancha somos todos mediocampistas, más bien metedores, ni muy ofensivos ni muy a la retranca. Ahí, revueltos en el medio. No tenemos grandes demostraciones de nuestros sentimientos como pueblo, las más significativas son políticas y por lo tanto de porciones de nosotros, de unos por un lado y otros por otro, moviendo nuestras banderas cada cinco años, y al día siguiente, de vuelta al armario. Somos así, pueblo tranquilo, nada expresivo, de definiciones tajantes en la íntima, pero sin exteriorizar mucho. Por eso lo que pasó por estas horas, esta rebelión de las banderas, es algo increíble. La selección movió algo que estaba latente y oculto, reivindicó un sentir nacional que pocas veces, creo que nunca, se vio. En los balcones y ventanas, los autos, los ómnibus, la panadería, la moto, el tractor, la ambulancia en la ruta como vi ayer, el alambrado, el boliche, la mascota de la casa, el camión repartidor, es el empleado en la tienda, la muchacha del súper, en todos lados, en todos los rincones del país apareció la bandera nacional. Los vendedores en las esquinas hicieron su cosecha. Se dice que estamos todos unidos, yo no creo que sea tan así, no creo que haya más unidad nacional por esto. Cada cual volverá a su vida "uruguaya" en pocas horas, con las mismas coincidencias y las mismas discrepancias que el primer día. Sí me parece que esta rebelión de las banderas demuestra un rincón medio oculto que teníamos, donde no nos gustaba expresar y no estábamos acostumbrados a exteriorizar nuestra pertenencia nacional, y el orgullo por nuestra bandera, que esa sí nos identifica a todos. En este caso creo que la selección por encima del fútbol sirvió para disparar una expresividad política en términos de país, de identidad oriental, que nunca habíamos expresado y creíamos no tener. Nuestra bandera, que además es hermosa, puesta por todos los rincones, es un signo muy fuerte. Que a nadie por estas horas se le ocurra querer capitalizar políticamente ni triunfos ni derrotas, ni "procesos" de la selección, porque lo pasarán por arriba. Algún jerarca de gobierno lo intentó y en las redes fue fulminado.

Es hermoso ver la bandera nacional por todos lados, pero mucho mejor, que nos descubramos nuevamente integrantes de una comunidad. Ni mejor ni peor que otras, simplemente la nuestra, oriental, la que teníamos medio arrinconada y olvidada, y apenas le dimos la oportunidad salió orgullosa a mostrarse. Las naciones somos procesos, intentar cambiar y borrar nuestros símbolos fue en vano.

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