Javier García
Javier García

El pueblo blanco

Las internas no son obligatorias, pero si definitorias. Se puede no votar, pero luego no hay derecho al pataleo. Los que van el 30 de junio deciden por los que no van. Mejor decidir uno y no que decidan por uno.

El 30 de junio se define quien será el futuro presidente. Nadie puede serlo si no ganó la interna de su colectividad. Así que tenemos una elección nacional de tres vueltas, la primera en poco más de un mes. Para los blancos es además una elección muy especial, porque la realidad -y las encuestas- dice que estamos en la antesala de ser gobierno. Corregimos, de ser quienes convocamos a formar gobierno. Porque tendremos la obligación y la convicción de que el próximo va a ser un gobierno plural, de varios partidos.

Hay una premisa fundamental para eso: hay que cuidar la unidad partidaria como un valor definitorio, esencial. El que no entienda esto entiende poco, o peor, nada. Nos hicimos fama de discutidores y buena fama. En alguna elección pasada sufrimos divisiones fuertes, y esa impronta no es buena, y lo peor es que genera tantos anticuerpos que aún los debates menores, sin importancia mayor, son tomados también como heridas. En verdad esta campaña no ha tenido nada que uno califique de importante o grave. Nada. Pero más vale curarse en salud. Sobre todo, cuando nos encontramos en las puertas del gobierno.

El pueblo blanco, pero además el que no es nacionalista pero confía en nuestro partido como instrumento de cambio, nos pide algo muy claro: “no se peleen”. Y así va a ser, primero porque es una obligación casi que moral y segundo porque sería una tontería hacerlo. La unidad partidaria es tan importante como el programa de gobierno, hasta más. No hay gobierno sin unidad, y para convocar afuera hay que exhibirla adentro.

Cuando las campañas calientan y se ponen competitivas a veces el corazón late fuerte y la adrenalina hace las suyas. Hay que pensar en el día después, la mañana siguiente de la interna, ese día los que competían hasta la noche anterior se transforman en colaboradores. De varios candidatos va a quedar uno que nos representa a todos, y es ahí cuando la palabra de más dicha en campaña puede ser un obstáculo.

El pueblo blanco va a castigar duramente al que atente, por poco que sea, contra la unidad, porque lo que está haciendo es poner en riesgo el triunfo y ser funcional al Frente Amplio. Allí aplauden y potencian cada discusión, así que seamos inteligentes y no le regalemos el argumento. Bastante tenemos para decir del gobierno como para detenernos a hablar de nuestra interna. El Uruguay sufre el desempleo, la inseguridad, el cierre de comercios y emprendimientos, la falta de gobierno. Si ante esto hablamos de nosotros estamos en el horno. Y lejos de eso estamos preparados para gobernar, tenemos los mejores equipos técnicos de relevo, tenemos muy buenas candidaturas que van a liderar el cambio, y la alternancia.

Vamos a pensar en el día después y sobre todo vamos a entender que el Uruguay nos mira con atención. Una interna es para elegir y está bueno que sea competitiva, pero que sea para demostrar quien está más preparado y tiene mejores ideas. Aprendimos en el Partido Nacional que la gente es mucho más importante que todos los dirigentes juntos, entonces a escucharlos y a seguir su mandato. Ganar el gobierno es un deber nacional. Hay un solo tiro y tiene que dar en el blanco.

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