Javier García
Javier García

El progreso manuscrito

Tenemos un Sistema Nacional de Salud muy comentado, equitativo, solidario y unos cuántos adjetivos más, pero en la puerta del propio MSP no pueden utilizar los desfibriladores porque estaban con las baterías agotadas y fallece allí un uruguayo.

El sistema es muy complejo y costoso, donde todos aportamos para su financiamiento, pero las cosas más sencillas, las que aparentemente están solucionadas y deberían funcionar sin mayor problema, son solo avances en los papeles, manuscrito. Invertimos 1000 millones de dólares anuales en los hospitales y policlínicas de ASSE, la “salud pública”, pero nadie revisa las pilas (que cuestan unos pocos pesos) de un desfibrilador en la propia sede del organismo que rige la política sanitaria. Allí también hay casi 4000 uruguayos que esperan hace meses ser operados y esperaran mucho tiempo más, en una clara demostración de que, pese a todos los ditirambos sobre el acceso equitativo a la salud, los más necesitados son los más postergados después de 15 años de gobiernos frentistas con abundancia de presupuesto.

El Sistema Nacional de Salud no mejoró la calidad de vida de los uruguayos. El acceso más amplio a los servicios mutuales no significó una mejor calidad de asistencia. Que haya más dinero, que lo hay y significativo, no quiere decir que se hayan hecho mejor las cosas, porque la gestión ha sido realmente mala y plagada de irregularidades. Mucho del dinero terminó en vaya a saber dónde, porque se pagaron por millones tercerizaciones, contrataciones de servicios, camas y ambulancias y nunca se pu-do saber bien la claridad de los procedimientos.

Y algunos que se supieron terminaron en juzgados y otros el FA evitó que se investigaran. Más plata no fue mejor salud. Tenemos incluso una realidad muy dura socialmente: las partidas de nacimiento ya no incluyen algunas localidades, porque el Uruguay donde se nace es más chico que el Uruguay geográfico. Para dar a luz una mamá debe viajar a las ciudades donde hay personal para el parto, hay localidades del interior donde hace tiempo ya no nace nadie, salvo en forma imprevista. Se nace donde se puede, no donde se vive.

Para hacerse un estudio medianamente sencillo miles de compatriotas deben viajar cientos de kilómetros, gastar dinero, perder días de trabajo y pasar mal, cuando una buena gestión permitiría que un uruguayo en cualquier lugar del país pudiera sin mayor esfuerzo tener los mismos servicios que quienes viven en la capital. Es de todos los días que, en el peor de los momentos y cuando más urgencia se tiene, la única solución que otorga el sistema de salud es subir al enfermo a una ambulancia y recorrer rutas hasta el médico más cercano porque el hospital del lugar, aun en capitales departamentales, no los tiene o no está cubierta la guardia.

Hace años los tacuaremboenses esperan por un centro cardiológico en su hospital, que está todo pronto, pero que el gobierno llamado progresista no permite poner en funcionamiento con excusas que buscan postergar ese servicio esencial.

Este es el país real, el de todos los días, no el de los seminarios recorridos por burócratas del gobierno o el de las cadenas nacionales que nos muestran una realidad multicolor y de teorías equitativas. Las pilas, modestas y exhaustas, del desfibrilador del MSP que nadie revisó son la imagen más gráfica del Uruguay “progresista”, en los papeles.

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