Javier García
Javier García

Poderoso Don Dinero

Solo poder, ahora la lucha es esa. Diría la senadora Constanza Moreira tenemos que dar “la batalla final”. Es épico, no pueden perder el poder.

¿Por qué un Partido llega al extremo de sentir que su misión principal es no perder el poder? Retenerlo es el único objetivo. El FA solía ser más convocante, ofrecía algo más, fue en su momento el plan de emergencia, más tarde el plan de cuidados, en cada elección tuvo un buque insignia sobre el que giraba su campaña.

Se perdió todo, ahora hay que abrazarse a los cargos, contratos y el dinero. De un partido de ideas, que decían ser, se transformó en una agencia de empleos para la barra. Es como la agencia Manolo progresista.

Como el nerviosismo es tanto, desataron una ofensiva donde todos se sienten soldados de sus recibos de sueldo, se agarran a su contrato, usan su ONG compañera, achatan su humanidad sobre la silla oficial, y como al decir de Les Luthiers, “mi honra está en juego y de aquí no me muevo”. El FA fracasó no en su programa ni en su gobierno, que sin duda falló. Es mucho peor, fracasó en su esperanza.

El miedo a perder las parcelas desató una alocada carrera sin rumbo donde el candidato de gobierno anda solo por los tablados, danzando acompasadamente con su compañera vice. Y el FA es como un hormiguero amenazado, las hormigas corren en todo sentido, se chocan entre ellas, un caos. Lo peor es que en la confusión han perdido todos los límites. El uso del aparato estatal y de gobierno al servicio del partido político es descarado.

Recursos públicos, oficinas de jerarcas, autos oficiales, viáticos, giras por el interior, página oficial de la presidencia, el canal estatal, todo sin pudor está puesto al servicio de quedarse en el poder. Es mucha la plata que está en juego y las prebendas que se dan como para que una economía amenazada y recesiva, un desempleo grave o la inseguridad sean más importantes que el poder y les quite el tiempo para la “batalla final”.

Otros, ya entregados, empiezan a organizar la limpieza quirúrgica de todo rastro que suponga que un próximo gobierno descubra cosas inconvenientes, de esas que no van de la mano de la sensibilidad social sino de los negocios corruptos. En ese sentido llama mucho la atención que a pocos meses de un cambio de gobierno la Cancillería quiera sacar al actual jefe de nuestra misión diplomática en Venezuela, que notoriamente el régimen de Maduro no quiere, para poner a un militante político del FA. Justo en la semana que se retoma la investigación de las valijas de dinero negro que venían de allí de la mano de Antonini Wilson. Borrar todo rastro de una relación oscura, regada de dinero mal habido es una tarea que parece titánica, porque fue mucho lo que corrió entre allí y aquí. Si se procede a eso tendrán que explicar que no es para vaciar cajones y borrar rastros.

Gente que recorrió su vida hablando de los pobres cierran sus carreras mirando sus bolsillos, aferrados a los autos oficiales y las alfombras. Es más que un deterioro político, es decadente. Una construcción política puede ser muchas cosas, puede faltarle otras, de lo que nunca puede carecer es de esperanza. La política no es el gobierno, antes es la ilusión de un militante que siente que su partido es capaz de hacer que lo que viene sea mejor que lo que está. El poder es el instrumento y no, como ahora, el “poderoso caballero es Don Dinero”.

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