Javier García
Javier García

El Perro

Transcribo esta barbaridad ministerial: “realmente preocupan más las muertes por accidentes de tránsito, por enfermedades infecciosas, por enfermedades tumorales, que los homicidios por violencia. Y dentro de los homicidios por violencia preocupan más los ajustes de cuenta y la violencia intrafamiliar que los homicidios vinculados a otro tipo de delitos”.

Transcribo esta barbaridad ministerial: “realmente preocupan más las muertes por accidentes de tránsito, por enfermedades infecciosas, por enfermedades tumorales, que los homicidios por violencia. Y dentro de los homicidios por violencia preocupan más los ajustes de cuenta y la violencia intrafamiliar que los homicidios vinculados a otro tipo de delitos”.

Dicho esto por cualquiera es una clasificación despreciable de las muertes, dicho como lo fue por Jorge Vázquez, el subsecretario de Interior, es muestra de un desparpajo miserable. Para desagrado general este jerarca, preocupado hasta la obsesión por su seguridad personal y creador de ejércitos inmensos de guardaespaldas y vigilancia para su hermano y comprador de equipos de inteligencia de dudosa utilización, terminó su diatriba con esta barbaridad: “no hay que sembrar alarmismos donde no los hay, yo diría que la mayoría de los ciudadanos de este país sino están vinculados con la delincuencia, si no están vinculados al narcotráfico, y si no tienen problemas familiares importantes, tengan la seguridad que nadie los va a matar”.

Vázquez es conocido por sus allegados como “El Perro”. El apodo vaya a saber por qué razón le calza. Su permanencia como jerarca de una actividad en la que no ha demostrado ninguna pericia ni capacidad se explica, sin embargo, por su apellido. De jefe de guardaespaldas de su hermano pasó a prosecretario de presidencia y viceministro de Interior, en un ascenso signado por la genética y no por la capacidad. Es quien le lleva a su hermano informaciones en un área muy delicada de la vida de las personas, de su privacidad y derechos. De la seguridad estamos hablando, obviamente. Porque suponemos que a pesar de su lazo familiar la información de Inteligencia a la que accede la manejará con reserva institucional y no la filtrará. Suponemos.

Cuando no se tiene vocación democrática se suele despreciar las instituciones de la democracia y su base soberana, los ciudadanos. Es un tema ideológico. ¿Por qué cuidar lo que no tiene valor? Las infamias ministeriales transcriptas arriba son un desprecio a las personas, a la vida, en definitiva a quien él está obligado a respetar y cuidar. Pero eso no está en su lógica. Su poder reside no en la democracia sino en la lealtad a su hermano y jefe político. Por eso es intocable.

Le preocupan al subsecretario Vázquez las muertes en accidentes o por “infecciones” pero no las de un vecino o comerciante a manos de un delincuente. ¿Valen diferente? Es un bárbaro. Y sugiere que las víctimas de homicidios deberían estar en cosas raras, ilegales, traficando o vinculados al delito, son muertes merecidas por andar en malos pasos.

Para repudiar esto no hay que hablar de otros tiempos cuando nadie se atrevía a decir cosas así, sino de todos los tiempos, el de ahora también, cuando los dirigentes y los gobernantes saben que tienen límites, que no son poderosos sino servidores, que deben tener escrúpulos, que están para ayudar y no para ofender e insultar con reales inmundicias y sospechas a víctimas que no le pueden responder. Hay centenares de ejemplos bajo su mandato de inocentes asesinados y familias desechas por la violencia. No merecen que este jerarca los ensucie.

No va a desdecirse porque para ello debe tenerse valores. No va a irse, para eso también se los requiere. Hay que sacarlos a puro voto, por la democracia y por la decencia.

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