Javier García
Javier García

Es un paro electoral

Difícilmente se pueda interpretar de otra forma un paro en la enseñanza, apenas una semana después del inicio de las clases y a diez días de asumir el gobierno.

Tiene un solo objetivo: ser la primera medida política del FA que, sin ocultarlo, llamó a que las organizaciones sociales sean punta de lanza opositora. En plena campaña la actual vicepresidente ya había anunciado que si ganaba Lacalle Pou y se impulsaba la ley de urgencia, se avecinaban movilizaciones sociales que podrían traer inestabilidades como en la región. Así se anunció el plan.

Yo no creo en las brujas, pero por ahí se presenta alguna y dice acá estoy. Y este paro de la enseñanza da la impresión que es el primer paso de la partitura propuesta por Topolansky y el FA. No hay un solo proyecto de ley presentado por el nuevo gobierno, por la sencilla razón de que no hay gobierno en funciones, ni aún proyecto de urgencia definitivo. Desde el FA hay dirigentes que dicen querer incidir en su redacción y el propio Tabaré Vázquez pidió incluir temas. Sin embargo, ese proyecto es tan endemoniado para el sindicato de la enseñanza que ya largó su primer paro.

No es por la educación sin duda, porque así planteadas las cosas es contra los alumnos más pobres que empezarán a perder horas irrecuperables. No hubo un solo paro contra la izquierda por sus malos resultados en la enseñanza, los chiquilines aprendían poco y en caída, y cuanto más humilde era la familia y el hogar del alumno, peores fueron los resultados.

Para exigir igualdad de oportunidades, empezando por defender a los que más necesitan, nunca una medida de lucha. Por justicia social y educativa nunca hubo reclamos en 15 años de gobierno, pero contra uno que va a tener diez días, sí. Hay una sola explicación, ninguna otra es creíble: el sindicato de la enseñanza hace un paro contra el resultado electoral, porque perdió el Partido al cual responde, el FA. Y como los resultados electorales son los que decide la gente mayoritariamente, en definitiva, es contra el resultado democrático. No se acepta lo que la mayoría de los orientales decidió, que es cambiar.

Dicen que no se les consultó para la ley de urgencia. Pregunta: ¿los sindicatos deben ser consultados en una democracia para redactar una ley? Si un gobierno le diera a una cámara empresarial poder de veto, o de aprobación previo a un proyecto, o le pidiera permiso a las Fuerzas Armadas para llevar adelante una idea, ¿en qué estaríamos? En cualquier cosa menos democracia.

Los dirigentes que anuncian el paro de la enseñanza militan y votan al FA, además de allí salieron cargos en los consejos de la enseñanza y contratos. Todos los perderán, con lógica, porque la enseñanza no puede ser un campo de despliegue político y de poder sindical. Lo que molesta es que en la ley de urgencia se propone retomar el camino de la soberanía del pueblo, representado en las familias que mandan a sus gurises al sistema público. La sociedad se expresa por su representación legítima: la que sale de las urnas. La democracia es representativa, no corporativa. Manda la gente o mandan los intereses particulares que siempre buscan su beneficio.

Es así de sencillo, no estamos discutiendo una reivindicación educativa, se discute poder, se resisten a perderlo y lo que es peor, a aceptar el resultado democrático. Por ello no es un paro gremial, sino político electoral.

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