Javier García
Javier García

Con orgullo blanco

En tiempos de relativismos ideológicos y donde lo políticamente correcto es no definirse mucho, este título es nuestra condición.

No es excluyente de otros orgullos, los orgullosamente colorados o los que se definen frentistas o de cualquier forma. No se entiende la convicción por una comunidad política democrática y libre si no se respetan las verdades que defienden otros.

Hoy, en tiempos electorales, ser orgullosamente blanco es compartir la visión para adelante, no olvidando la hermosa historia de libertad que nos envuelve, pero teniendo mucho más ánimo para unir que para ver qué nos diferencia de otros partidos. Somos orgullosos, nunca sectarios.

Uruguay es una Nación defendida y consolidada por la política, no es una circunstancia casual ni mucho menos un lugar geográfico, no somos un país de GPS, orientales al Río Uruguay. Esa geografía nos condicionó pero la política defendida a espada y sangre de nuestros libertadores, empezando por el Prócer, nos llevó a ser lo que somos. De allí para acá somos comunidad política interpretada por los partidos fundacionales primero y luego se sumaron las tradiciones socialistas históricas que algunas ya tienen más de un siglo.

Los que somos blancos tenemos una interpretación muy de raigambre liberal en lo político, de solidaridad social y de una economía humana, con centro en la creatividad de la persona y su iniciativa. Cree-mos en ello y en un Estado presente pero que no ahogue a la persona y sea centro de la economía. La nuestra es una creación política Oriental, original para la academia. Marca uruguaya ciento por ciento.

Al Partido Nacional se puede ingresar todos los días, queremos eso, pero hay que cuidarlo, porque no es un pedazo de tela ni un escudo por más que lo queramos mucho; es su gente, su pueblo, que en los barrios nos hace pasar a su casa y nos muestra una credencial de Por La Patria firmada por Wilson de 1986, o una postal de Saravia o un vasito con la cara de Herrera. Es gente sencilla que nos pide que cuidemos a su partido. O compañeros muy jóvenes que agarran la bandera en las esquinas o la defienden en la universidad con convicción. Son orgullosamente blancos. No se tira eso por la borda.

No se puede construir futuro ignorando al pueblo que es el ladrillo de esta casa común. Somos comunidad identificada con un pensamiento libre y de querencias nacionales.

¿Por qué la mayoría de los uruguayos seguramente nos otorguen la posibilidad de gobernar el próximo período?

Porque somos certeza en un mundo muy cambiante y tenemos rumbo en un país de relativismos, donde trabajar o no parece ser lo mismo para sus autoridades, y hacer las cosas bien o mal no tiene mucha diferencia.

Ser blancos hoy es abrazar al pueblo y cuidarlo, a todos los uruguayos y no mentirle ni prometer en falso a sabiendas.

Mañana en el puerto de Montevideo nos reuniremos los blancos a recordar el retorno de Wilson. Pudo tomar revancha personal y dejar que todo explotara en mil pedazos, pero prefirió la paz a su propio costo. Si alguien pone en riesgo el triunfo, ese no es blanco, pero además no entendió nada y mucho menos lo que es ser orgullosamente blanco, como el más anciano correligionario refugiado en un ranchito en el medio del campo, o la más joven de nuestras compañeras, que toma una bandera y la revolea con una sonrisa en la rambla de Montevideo.

Ese es nuestro orgullo.

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