Javier García
Javier García

Martínez es el gobierno

Parece que el gobierno es huérfano, está solo y nadie habla de él. Martínez, su candidato, se le escapa, promete para adelante y se saca al traje oficial, el que le entregaron Mujica, Astori y Vázquez.

Sus refriegas luego de lanzar la candidatura de un cantante esta semana, y su marcha atrás con el artista a partir de reclamos internos, no son más que frivolidades propias de una campaña vacía y dubitativa. De economía habla Astori por él, de relaciones internacionales lo hace Nin, que nos divierte con sus cabriolas para escabullirle el bulto a Venezuela y su dictadura; de seguridad un asesor de Bonomi, es decir que la política de seguridad de Martínez es la del hace diez años ministro y sus fracasos constantes que nos deja un país impune, sin autoridad y liberado para el narcotráfico que pasa por aquí sin que nadie lo detenga. De educación no habla nadie, es un tema ausente en el gobierno. No hay ninguno que se anime a decir que pese al debate intenso sobre el 4,5 % del PBI, y luego sobre el 6, haya mejorado algo. Como nadie se encarga de este tema, el candidato tampoco.

El Ing. Martínez no tiene equipos ni temas, pero además es el candidato de un gobierno que no gobierna. 15 años después el proyecto está agotado y fracasado. Gobiernos que tuvieron todo para lanzar a Uruguay, pero lo dejan con cifras alarmantes. El ministro eterno de economía esta semana la emprendió desde la tribuna oficial, que es la web de presidencia, contra Lacalle Pou. Pocas horas después de que se anunciara que estamos en cifras alarmantes de desempleo, en un país donde las calles se transformaron en dormitorio para cientos de compatriotas y hasta de niños que el Estado desconoce que habitan a cielo abierto y frío, el siempre soberbio Astori da clases de lo que hay que hacer, pero él no hizo. Enseña lo que se debería, no lo que se debe.

Fue ministro de Economía en gobiernos donde Ancap y el Banco República fueron instituciones donde la corrupción, los vales truchos, y negocios oscuros y ruinosos hechos con plata pública prosperaron mientras miraba para el costado convenientemente. Donde miles de millones de dólares se invirtieron en la salud y los resultados son penosos y no quiso meterse ni auditar para que no se generaran problemas con sus compañeros de partido. No cumplió con su obligación institucional de respetar la plata de los trabajadores que se volcó a la fiesta interminable del gobierno y sus sectores políticos.

De todo esto es candidato Martínez, a pesar de que de ello no habla y aparente ser casi que un outsider recién llegado a la política. Lo más jugado de su campaña lo dice su compañera de fórmula en un refrito de las viejas consignas setentistas de los militares golpistas de la época que junto al Partido Comunista, donde se formó, proclamaban aquello de que la cosa era entre oligarquía y pueblo. No entre democracia y dictadura. Casi 50 años después la novedad es que nuevamente el golpismo ideológico, que niega la democracia y la representación popular, reaparece y vuelve a poner la dicotomía como gran herramienta de prosperidad para el siglo XXI. En la era del conocimiento y la revolución tecnológica, los dinosaurios son novedad.

Daniel Martínez es el candidato de un gobierno que fenece, con un proyecto singular que se resume en su reiterada y profunda frase de cabecera: “vamo’ arriba”. Es poco, pero lo único que se conoce.

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