Javier García
Javier García

Legalizar la cordura

Entra droga al Uruguay, miles de kilos, se envasa en contenedores y sale por el puerto. Nadie lo ve. Los organismos policiales, la aduana, la prefectura, nadie.

Entra droga nuevamente, llega al aeropuerto, la suben al avión, sale del Uruguay, tampoco nadie lo ve. Los mismos organismos y la policía aeronáutica, nadie sabe nada. Solo por corrupción puede pasar un elefante delante de los ojos de personas capacitadas y no ser visto. Pero además mucha corrupción y de larga data, porque no son los únicos cargamentos ni serán los últimos. Aquí no se produce coca, y por lo tanto tampoco hay laboratorios de cocaína así que toda la cadena productiva pasa afuera de nuestras fronteras. Se traslada hasta aquí y de acá se distribuye. Somos ruta del tráfico.

En medio de este escándalo donde en el mundo se nos señala como país de tráfico internacional, con las consecuencias que eso tiene, pero además con la inseguridad y el crimen que eso implica, y la corrupción que lleva atada, aquí en forma absolutamente irresponsable algunos gobernantes juegan a ser ingeniosos, y aumentar el problema. El ministro de Defensa plantea la legalización de la cocaína. No entendió el problema, y menos la solución. Los contenedores que pasan por aquí no terminan en las bocas de los barrios, siguen para Europa. No es un tema de consumo, es un problema de inseguridad de fronteras y de corrupción en los organismos que debieran controlar y reprimir el tránsito de sustancias. Supongamos que se legaliza aquí, ¿qué cambiaría si la que pasa es para otros países donde es ilegal? El ministro no entendió. Con un agregado peligroso: le echó combustible al problema. Ahora desde el exterior nos ven como un país donde su gobierno, por medio de sus organismos de defensa y seguridad, -Layera propuso similar genialidad-, empiezan a bajarle el peligro a una droga que corrompe, enferma y mata. La política de drogas del FA ha sido un fracaso. Desde que Mujica en su presidencia fundamentó la legalización de la marihuana como medida que terminaría con el narcotráfico, que le “robaría” la plaza, hasta ahora han pasado toneladas de droga y nos empezamos a constituir, y así nos ven, como país cómodo y amigable al narco. Con soltura casi que infantil desde el gobierno se publicitó días pasados que la legalización del cannabis significó sacarle US$ 25 millones al narcotráfico, y mientras tanto en dos embarques, el del avión y el barco, se evaluó en más de US$ 1300 millones la carga de droga que pasó sin que nadie la viera. Lo peor es que, además, se descubrió porque desde el extranjero lo sabían no por obra de nuestros organismos que se enteraron por los diarios, o por llamadas de teléfono de afuera.

Mientras tanto el canciller Nin revolea el antimperialismo y anda a disparo de comunicados con el Departamento de Estado norteamericano y lo acusa de injerencia imperial en la campaña electoral. Horas después otros diez países alertaron a sus compatriotas que cuando vengan acá anden con cuidado. No dijeron nada que no sepamos aquí, no hace falta ningún comunicado de embajada y menos que el canciller ande papeloneando con bravuconadas de poca monta. Estamos en problemas, inseguros por el delito nacional y plaza abierta a la corrupción y el delito trasnacional. La autoridad no existe. Lo ilegal parece ser la cordura de algunos gobernantes. Eso es lo que hay que legalizar, rápido.

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