Javier García
Javier García

(Inter) nacional

Es hasta lógico y previsible: la posición de Uruguay no podía ser otra con Maduro que la que tiene.

El apoyo a Chávez primero y el actual al dialogante de pajaritos, que se mantiene a pesar de las volteretas, es producto de una política internacional que destruyó el prestigio uruguayo en el mundo y además fue pensada para hacer discursos en el comité y no para servir al país. Los gobiernos frentistas transformaron el Mercosur en un club ideológico de discursos vacíos que lo llevó de una pista de lanzamiento al mundo a partir de nuestra asociación comercial y de las fortalezas potenciales, a ser un chaleco de fuerza que anuló nuestras oportunidades. Nos ató a gobiernos corruptos que hacían discursos con su mano izquierda y con la derecha se metían la billetera del pueblo en sus bolsillos. El Uruguay se prestó a asociaciones políticas como la Unasur, que hasta un canal de televisión chavista del cual somos socios traía adentro, para legitimar las parodias del caribeño dictador.

Como no quedaba bien en el barrio progresista, dejamos pasar el TLC con EE.UU. y años después el TISA, porque en este condominio ideológico las palabrerías huecas importan más que darle oportunidades de trabajo y desarrollo a nuestros pueblos. Los gobiernos del FA se sometieron a un imperialismo de habanera, meta palabrería inútil regada con petróleo que se le hurtaba al pueblo venezolano para pagar favores políticos y financiar lealtades que le permitieran al régimen venezolano seguir vivito y coleando torturando a su pueblo mientras el régimen violaba los derechos humanos, otrora rico y hoy sin comida ni medicamentos.

Uruguay no es verdad que sea pequeño, no es grande, que es distinto y mucho menos poderoso, pero era prestigioso eso sí. Basta recordar nombres que timonearon nuestras relaciones internacionales desde 1985, empezando por Enrique Iglesias, o Gros Espiell, Abreu u Opertti por nombrar solo algunos, hasta esto de hoy con Nin. Nos derrumbamos en nuestro prestigio internacional que no es una cosa que vista los anaqueles de la Cancillería. Estar desprestigiados es estar cada vez más solos en el mundo y pertenecer a un club al que pocos quieren afiliarse.

Hay que entender que la política internacional es la más nacional de las políticas para una nación como la nuestra. No es en el cabotaje que colocamos nuestros productos primarios. O producimos para vender bien en el mundo o nos sometemos a la primarización de nuestra economía, a vender con muy escaso valor agregado y sin inteligencia y trabajo uruguayo. La política internacional de los gobiernos del FA es responsable importante de la destrucción de casi 60.000 empleos en Uruguay por haber impedido nuestra apertura comercial y habernos encerrado en el comité de vocinglería progresista de la región, donde pesan los amigos y no nuestros intereses. Era fácil para los Kirchner, los Lula, los Maduro/Chávez, hacer discursos montados en las valijas de dólares oscuros que revoleaban hasta en conventos y que robaban a través de la obra pública y empresas corruptas, o el narcotráfico. No hay nada más nacional que nuestra política de inserción en el mundo. Lo nuestro no puede ser comité ideológico, es vender inteligencia agregada a nuestra excelente producción y nuestra industria, es abrir el paso a los emprendedores digitales. Es valor y trabajo uruguayo o este discurso barato a pesar de corrupto.

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