Javier García
Javier García

Importa lo que une

Entramos en la zona caliente de la campaña y es normal marcar cada vez más los perfiles.

Lo llamativo, sin embargo, es que dentro del propio campo opositor haya tanta insistencia, a veces, en marcar distancia y contradecir a otros candidatos de la oposición, más que del oficialismo. Y en esto si bien no hay que andar de piel muy fina, también hay que tener claro que el perfilismo no termine siendo más importante que lo que realmente está en juego: ganar el gobierno para construir, entre todos los partidos hoy opositores, un modelo democrático y republicano.

La línea divisoria no es entre familias ideológicas, concepto que no compartimos, sino entre diferentes partidos que coinciden en las cosas más valiosas: la libertad, el respeto al distinto, jugarse por el Estado de Derecho, recobrar seguridad, la libertad de expresión, el trabajo y la educación como la mejor política social, una inserción internacional que defienda nuestra producción y genere oportunidades y no la complicidad con los regímenes corruptos y criminales de la región. En fin, un Uruguay proyectado hacia adelante con república y oportunidades.

Estas cosas no son monopolio de un solo Partido. Lo que está claro es que en el FA esto que describimos no es compartido por todos, ni mucho menos por su mayoría de dirigentes.

En la letra chica, en algunos instrumentos y hasta en los estilos no hay unanimidades dentro de la oposición actual ¡Claro que no! Y es lógico, por eso somos partidos diferentes. Es normal y es mejor. Ahora, entendámonos, si le preguntan a cualquier uruguayo de a pie de cualquier partido de la oposición, no al que como muchos de nosotros estamos todo el día en la vida política, qué prefiere, si cinco años más del FA o una alternativa democrática y republicana, aún con las diferencias y matices propios de partidos y sectores diferentes, la respuesta, salvo que se viva en una caja de cristal cerrado al vacío, es la segunda.

La mayoría de la gente está harta del FA. Lo dicen todas las encuestas. Es obvio que no hay unanimidades, ni las tiene que haber. Lo que un dirigente político no debe hacer es creer que se puede proyectar sobre el lomo de aquel con quien, balotaje mediante, más temprano que tarde deberá dialogar y ser socio en un nuevo gobierno. Y esto vale primero que nadie para quien esto escribe, militante del Partido Nacional. No es una conducta para los otros, que nadie tiene derecho a fijar, sino para todos quienes tenemos responsabilidad en proyectar una sociedad mejor, más inclusiva, menos fragmentada, con posibilidades de crecimiento y desarrollo.

La línea que divide es entre seguir en este relativismo donde todo vale lo mismo: trabajar o no, hacer las cosas bien o mal, romperse el lomo o que se lo rompan otros, ir a clase o dejar de ir, sentir la amenaza de los criminales en la casa o en la calle, hacer negocios corruptos con Venezuela o aliarse con las democracias modernas, y lo que se imaginen. Todo lo que tenemos por hacer ¿no es más importante que las diferencias pequeñas entre sectores y partidos de la oposición?

Con los partidos Colorado, Independiente, De la Gente, hay diferencias, pero ninguna es más grande que con aquellos que no defienden la libertad, ni la República ni la ley. No le hagamos el caldo gordo al FA con peleas menores. Lo que importa es lo que une, no lo que separa.

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