Javier García
Javier García

¡Ganamos!

El resultado es fruto de un proceso, no del instante. Casi nadie, por fanático que sea, pensaba en esta posibilidad hace un año atrás. Pocos imaginaban en esos tiempos que el Partido Nacional asumiría el gobierno el próximo marzo. El imaginario daba por hecho que el Dr. Vázquez sería el próximo presidente, los opinadores lo afirmaban de cuerpo suelto y otros lo repetían. Saben del titular del diario pero no del arte que es la política, ven pero no prevén.

El resultado es fruto de un proceso, no del instante. Casi nadie, por fanático que sea, pensaba en esta posibilidad hace un año atrás. Pocos imaginaban en esos tiempos que el Partido Nacional asumiría el gobierno el próximo marzo. El imaginario daba por hecho que el Dr. Vázquez sería el próximo presidente, los opinadores lo afirmaban de cuerpo suelto y otros lo repetían. Saben del titular del diario pero no del arte que es la política, ven pero no prevén.

Para cambiar lo inevitable había una sola posibilidad: la renovación. Era el único escenario que habría puertas que estaban cerradas a cal y canto. El proceso nos llevó un año y medio, no sin dudas que clamaban por recurrir a los viejos manuales electorales, pero a decir verdad con una decisión firme del candidato que a pesar de todas las famosas encuestas y opinadores no cambió nunca el rumbo.

La oposición a la renovación, el continuismo oficialista, no prestó atención y se compró el manual que nosotros tiramos. Empezó, y sigue, en un camino loco pegando palos en el aire: pompitas de jabón, oligarca, inexperiente, insensible, y dale que va. Son autómatas que deambulan por la campaña electoral. Desconectaron con la gente. Millones de dólares son sacados de los fondos de las empresas públicas y del Estado para financiar la campaña del Frente Amplio en forma inmoral. Eso es corrupción política y financiamiento electoral ilegal, que le pongan un sello de un organismo público a las propagandas para blanquear el saqueo, no niega lo anterior.

No hay recuerdo de un desembarco tan brutal del poder político y económico en una campaña electoral puesto al servicio de retener el poder. De retener posiciones, prebendas y beneficios usando millones de dólares que todos aportamos por impuestos a rentas generales y terminan en avisos de televisión y radio del FA con loguitos de empresas y ministerios. Indecente final de un poder que se va. Qué diferencia, Lacalle Pou destituyó a un director blanco de un ente por gastar mil pesos en un churrasco que pagó con plata del pública, mientras el FA usa millones de dólares públicos en la campaña electoral y despilfarra plata ajena en negocios estatales nefastos, sin hablar de ASSE y ANCAP.

El proceso iniciado hace un año y medio va a ganar, no hay que tener pudores falsos, decirlo es simplemente reconocer que la mayoría de los uruguayos prefiere renovar el poder. Los límites de la impunidad política fueron pasados varias veces. Antes algunos decían que alcanzaba con evitar las mayorías parlamentarias del FA para volver a los equilibrios, pero eso no alcanza.

Lo que realmente limita el poder desenfrenado es ganar el gobierno y sostenerlo con una base política plural. Que el oficialismo pierda la elección en un período de crecimiento económico va a ser un caso de estudio para especialistas. Eso cambia aquel viejo aforismo de que la gente vota con el bolsillo. Era una simpleza, hace falta además no creerse impunes, no mirar a la gente como si fuera un monedero, entender los reclamos y tener humildad en el gobierno. Este gobierno pasó todos los límites y justificó todo a costa de la economía, se olvidó que además de estómago las personas tienen alma y corazón.

Este es mi última columna antes del 26, después de año y medio de apostar a la renovación. En marzo asume el presidente Lacalle Pou, porque tuvo la experiencia de interpretar lo nuevo.

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