Javier García
Javier García

Gana el que une

El clima de opinión pública, que confirman las encuestas, es que está todo dado para que el próximo gobierno sea liderado por el Partido Nacional, en coalición con los partidos de la oposición.

Será un gobierno que requerirá antes que nada una paciente voluntad de diálogo y de apertura política. Tiene como resultado que será un gobierno estable, de mayorías amplias, multicolores pero coincidentes. Las democracias modernas funcionan así, hay mejor República cuando hay más inclusión política y social. Nadie puede formar gobierno sin la aceptación personal, política y ética de todos los coaligados, y a la inversa igual. Nadie se representa por otro si tiene dudas de estas cualidades, o si su carrera política es agrediendo o dividiendo a quienes deben estar juntos.

Estas semanas previas el clima se enrareció un poco más de lo aconsejable en una elección interna. Algunas acciones, publicidades, dichos y noticias falsas contaminaron una elección que dentro de los principales partidos opositores y sus más conocidos líderes es la de prepararse para competir primero y cooperar después. Por eso nadie, que piense seriamente en ganar, golpea a quienes luego pretende llamar. En verdad el que haga eso juega para otra cosa.

Para convocar a los otros hay que tener autoridad política y eso se logra pasando varios exámenes, el primero es el de la prudencia.

Fui testigo estas semanas de un ejercicio prolongado y meditado de esta cualidad, aún en circunstancias que la sangre pedía otra reacción, por parte de Luis Lacalle Pou. Lo vi con el temple necesario en momentos de tensión sabiendo que el corazón late, pero el cerebro y la razón no permiten una palabra de más.

Hace años grupos radicales minoritarios pintaban paredes con proclamas de salariazos extraordinarios. Lo hacían porque sabían que nunca gobernarían, así que daba lo mismo lo que prometieran. O las calles en bajada que personajes simpáticos adelantaban. La irresponsabilidad o la inimputabilidad política se los permitía. Quien está seguro no promete en vano. La demagogia es aceptada como natural por algunos. No por quienes queremos ganar y gobernar.

La oposición tiene una oportunidad única, es ahora. Pero no cualquiera la hace ganar. La diferencia está en quien hace posible cambiar al gobierno, o de lo contrario si las internas de la semana próxima serán una elección que por elegir mal terminará siendo funcional a la continuidad del Frente Amplio. Se puede votar de una forma que sea el comienzo del proceso que asegura el cambio o se puede tirar por la borda eso y abrirle las puertas al Frente Amplio. Esto que voy a decir es lo que pienso, pero además es lo que es evidente: para que gane la oposición y haya un gobierno republicano, democrático que incluya a otros partidos y que éstos acepten integrar una coalición, la opción es Luis Lacalle Pou. No solo por sus cualidades, sino porque une a la oposición y es aceptado por los demás partidos. Dentro de las naturales diferencias, hay respeto recíproco. Dividir es trabajar para el FA. Hay que aprender a ser uruguayo (es casi una profesión) y entender al pueblo que quiere cambio. Solo respetando a los adversarios internos y externos, se puede construir. Dividir a la oposición, agredir y mentir es funcional a que miles de compatriotas fuguen espantados hacia el FA. Hay varios candidatos buenos, pero solo uno hace ganar a todos juntos.

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