Javier García
Javier García

La fiesta de pocos

Es extraño pagar la fiesta y no ser invitado. Los uruguayos pusimos en la "vaquita" para comprar el cotillón, los sándwiches y las bebidas. Pero la plata se fue, la fiesta fue de otros y nos quedó la deuda.

Eso fueron los gobiernos del Frente Amplio, una megafiesta, cara, llena de anuncios previos, donde se repartieron las tarjetas de invitados, las revistas del corazón hablaron de todos los que iban a venir, mucho glamour y alfombra roja, y al final nada. Nos quedamos con decenas de cuotas en la tarjeta para pagar la algarabía que nunca llegó.

Esta semana Aratirí anunció una demanda millonaria, y el filósofo criollo nos dice que no pasa nada, que peor es la exestación de AFE que está cerrada. En los gobiernos del FA, a pulso de voluntarismo, sin perspectiva estratégica y con mucha chantada barnizada de inteligente, varios soñaron con un mañana minero y cantidad de fuentes de trabajo por las explotaciones de hierro a cielo abierto. Un enorme mineroducto cruzaría kilómetros y entraría al océano en un puerto rochense de aguas profundas para el que el Estado compró tierras millonarias y gastó en costosas consultorías. Era un puerto privado pero pagado por todos, para Aratirí, única posibilidad de que fuera explicable. La minera participó de la fiesta y ahora nos quedan las cuotas sin que haya sonado un solo acorde. Pasó lo que era obvio, ni Aratirí ni puerto de aguas profundas. Todo fue pérdida para los uruguayos. Salvo para unos pocos que eran técnicos privados y casualmente dirigentes del partido de gobierno que ocupaban cargos en la minera. Una vez descartada, volvieron a ser jerarcas populares, progresistas y socialistas. Casi que la minera era una extensión del Plan de Cuidados: cuidaba el futuro de algunos jerarcas frentistas.

La fiesta también incluyó la millonaria regasificadora que nos costó y nos cuesta un ojo de la cara. La fiesta se llamó, también, 300 millones de dólares de Pluna, y se llamó Alas U y la tontería de hacerle creer a decenas de trabajadores que en el sector de las empresas de aviación, donde una vez quebró un imperio que se llamaba Pan-Am, podía ser rentable una línea cooperativa sin ningún tipo de experiencia ni respaldo más que la ficción del filósofo criollo y quienes lo aplaudían en el hangar el día del vuelo inaugural (ministros y jerarcas).

La fiesta se hizo también en Venezuela y nos está costando que negocios en la industria láctea pagados con llamativos precios, fuera de mercado, hayan generado decisiones en cadena que hoy explican parte de los problemas del sector que se suman a los de rentabilidad y la locura sindical. Y fue también el Fondes con negocios ruinosos.

Ni hablar del salón principal del evento, llamado Ancap, el plato principal se degustaría allí. El menú fue para pocos, salió carísimo y con eso reventaron la tarjeta de los uruguayos. Hubo pequeños hitos preparativos que le dieron un toque simpático, breve, pero no se lo puede olvidar. Los invitados llegarían en tren, el de "los pueblos libres", que Cristina y el filósofo criollo inauguraron a tambor batiente. Viajó poco, solo el día de la inauguración.

Los fiesteros prometían un "gobierno honrado y un país de primera". La fiesta nos dejó una deuda histórica y un déficit millonario, violencia y fractura social. No hay que tener empacho: fracasaron. Los gobiernos del FA fueron una fiesta privada, pagada por todos.

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