Javier García
Javier García

De fantasmas

Con sábana y sin ella, pero con carné de jerarcas públicos se agitarán varios cucos próximamente. Hay uno que ya se lo ve venir, que dice así: "ojo que si ganan los blancos le van a sacar los planes sociales. Van a recortar todo, así que si quiere seguir teniendo subsidio no los vote". Son unos enormes atrevidos, sin duda.

Quien los escucha de buena fe, porque no es fácil tenerla ante tanta mentira, puede creer que las políticas sociales en Uruguay comenzaron el 1º de marzo del 2005. Hay que ser o muy atrevido o muy mentiroso para sostenerlo. Las políticas sociales son casi tan viejas como el Uruguay independiente (el primer sistema pensionario lo crea Manuel Oribe), y fueron construcción colectiva de gobiernos y parlamentos de predominio de los partidos fundacionales, que con iniciativas y aportes legislativos caracterizan nuestra trayectoria como país.

A cuenta de olvidos varios y seguro que quedarán decenas, podemos citar: jubilaciones y pensiones, aguinaldos, asignaciones familiares, leyes obreras, Consejo de Salarios, sistema de subsistencias, Instituto de Alimentación, hospitales, policlínicas, escuelas y liceos, Universidad del Trabajo, comedores municipales, Institutos de atención al niño (con sus diferentes nombres), CAIF, hogares de amparo. En fin, se podrían llenar hojas de políticas de protección y amparo a los más desprotegidos.

Querer apropiarse de la sensibilidad es de una soberbia y falsedad que no resiste el más mínimo análisis. Todas las políticas con una diferencia sustancial con las que impulsó el FA en estos años: ninguna pretendió comprar la conciencia ni quedarse con la autonomía y libertad del destinatario. No se hacían padrones políticos ni se fabricaban decenas de ONGs y consultorías donde se quedaba gran parte del dinero que nunca llegaba a los más necesitados. ¿Cuánto dinero presupuestal que debía llegar a una madre sola o a un niño se quedó en intermediarios o militantes políticos vestidos de asesores?

Los cracks de las políticas sociales (aquellos que parece que nos hicieron descubrir la sensibilidad social) que atravesaron la mayor riqueza que se conozca en el último siglo a espaldas de los precios internacionales de nuestras materias primas, nos dejan un país donde la gente por cantidades enormes duerme en las calles como no se veía desde el 2002. La imagen de gente que tapada con unos cartones y trapos viejos se refugia en cuanto rincón puede, no parece muy diferente a la de la peor crisis que se recuerde. Con Mides, y millones de dólares para atacar la pobreza, hoy lo único que cambia seguro es la fachada de ese ministerio que parece una cartelera de eventos sociales.

Los que deberían estar nerviosos son los burócratas que curraron con la pobreza y fracasaron en dar libertad y desarrollo personal a quienes más necesitan, no los que merecen una mano tendida para salir adelante. Ellos saben, como los jubilados, cuándo estaban mejor.

Tenemos convicciones bien diferentes con el FA. Las políticas sociales deben ser para que las personas puedan crecer, ser libres y autónomas, y no depender del subsidio y la política. Puedan simultáneamente tener un sistema educativo público de lujo, no pobre y marginal. Una infraestructura de salud y seguridad que los proteja y un gobierno transparente y austero.

El problema para las mejores políticas sociales es que sigan gobernando, no que se vayan.

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