Javier García
Javier García

Consumismo o idiotez

El inicio de 2018 nos encontró en un debate político intenso sobre tres temas bien importantes: la situación grave de la producción, el gasto público desmadrado y un cuestionamiento ético al sistema político (con razones suficientes para justificarlo).

Por debajo de la mesa, casi en silencio, quedó la situación de la inseguridad crítica en que vivimos. La radicalización de la violencia y los episodios que se viven en estos días hablan de un proceso de empoderamiento de las bandas criminales en las calles que solo se conocían a través de las series televisivas, donde los sicarios narcos ajustician desde una moto con ráfagas de disparos. El fin de semana pasado ejecutaron a cuatro personas. Los homicidios en este enero son superiores aún a los del enero pasado. El ministro Bonomi da una explicación en "Búsqueda", que una de dos: nos trata de idiotas, o la inversa. Solo atormentado por la incapacidad demostrada para el cargo, lleno de palabras pretendidamente inteligentes, instala el relato progresista sobre la violencia instalada.

Su argumento es tan increíble que abre el paraguas antes de lanzarlo. Afirma sobre los ajustes de cuenta entre narcos: "Es consecuencia, quiéranlo o no, del aumento de la capacidad de consumo de los uruguayos que pasan de la pasta base a la cocaína". Todo dicho. Yo creía que el argumento alcanzaba que lo usara Daniel Martínez para justificar los basurales, en todo caso era un dislate mayúsculo pero hasta medio cómico. Esto otro es dramático porque lo que está en juego es la vida de personas.

A Bonomi le faltó decir que es otra prueba de la exitosa política económica del FA que permitió mejorar no sólo la calidad de la marihuana con su legalización, sino también que los consumidores accedan a una droga de más "prestigio", de la pasta base a la coca y el éxtasis.

Casi que una cuestión de equidad. Es tan ridículo el argumento que solo lo puede afirmar… Bonomi. Durante años el oficialismo dijo que la guerra contra las drogas había fracasado, que esa estrategia no frenó a las mafias y que se requerían nuevos paradigmas. Y en eso fundaron la política de legalización de la marihuana que supondría, decían, robarle el mercado al narcotráfico. Tal ingenuidad voluntarista se chocó con las propias cifras oficiales que dicen que solo el 3% de la marihuana que se consume se vende en las farmacias. No solo queda demostrado el fracaso de esa política voluntarista, sino que el propio ministro reconoce que la guerra entre los narcos es consecuencia del consumismo de los uruguayos que impactó en el mercado de drogas; no lo disminuyó, lo jerarquizó. Se consume más y también de mejor calidad parece. ¿No era que la legalización de la marihuana sería un golpe mortal al narcotráfico? Resulta que hay instalado un sicariato narco, que no existía, en un país que legalizó la marihuana, justamente una medida que fue impulsada en un paquete denominado pomposamente por el gabinete del FA "por la vida y la convivencia" en el año 2012. No parece que Uruguay sea más pacífico ni de mejor convivencia: la ola de homicidios, rapiñas y violencia de la peor, dice lo contrario.

En otros países, un ministro que dice esta ridiculez para argumentar su fracaso y Jorge Vázquez, a quien su hermano Tabaré lo contrató de pro- secretario y viceministro, no seguirían. Son democracias serias y sin nepotismos.

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