Javier García
Javier García

El coherente Fernández

De aquel dirigente del MLN que negociaba en los cuarteles con los militares y que sus compañeros decían que entraba y salía de ellos como si nada y que un día puso una granada arriba de una mesa en un programa de tv, al ministro que hoy que agrede e insulta, no hay mucha distancia.

De aquel dirigente del MLN que negociaba en los cuarteles con los militares y que sus compañeros decían que entraba y salía de ellos como si nada y que un día puso una granada arriba de una mesa en un programa de tv, al ministro que hoy que agrede e insulta, no hay mucha distancia.

La peripecia vital de Fernández Huidobro no cambió mucho: siempre despreció al que piensa distinto. Es injusto entonces que algunos de sus compañeros se sorprendan y hagan marchas pidiendo su destitución. Es el mismo Fernández de siempre. No es de él la culpa sino de quienes lo aplaudieron y justificaron, incluso los que piden su cabeza ahora. La culpa no es del chancho, sino del que le rasca el lomo.

Desde 1962 tenemos un problema y es que hay un grupo de uruguayos que marca el debate político ideológico. Comenzaron los tupas con sus acciones y desde allí hasta hoy son protagonistas. Nos metieron en un pozo intelectual lleno de fantasías ideológicas de las cuales otros intelectuales se hicieron eco y las reprodujeron, y no hubo por parte de quienes no compartimos esa visión un discurso que lo enfrentara. La responsabilidad, por eso, es de muchos y nuestra también. Las atrocidades de los dictadores, los otros mesías, elevaron a la categoría épica este discurso que representa Fernández y muchos de los que hoy claman por su cabeza. No hay que engañarse: lo del MLN fue el intento de un golpe de Estado que lo evitó un gobierno democrático que actuó adentro de la ley, guste o no. El tema es que en 1972 asumió de presidente democrático alguien que no lo era, era tan dictador como los tupas, aunque parecían diferentes. Bordaberry y Fernández Huidobro en términos de república y democracia fueron lo mismo. Pedirle hoy a Fernández que con más de 70 años respete límites de debate democrático cuando nunca los tuvo, es una ingenuidad. Nunca fue de pensamiento liberal, es más, desprecia la libertad, la usa pero ni la comprende ni la respeta. Tampoco muchos de los que hoy se enojan con él sienten el valor del Estado de Derecho. Ojo, dije muchos, no todos, porque también los hay de pensamiento democrático que errados lo aplaudieron, le palmotearon el hombro y lo elevaron a los altares de una lucha que nunca fue por la libertad sino contra la libertad. Eso hicieron Fernández, Mujica, Topolanski y otros tantos.

Es bastante peligroso que se defienda su papel de ministro de Defensa en virtud de que cuenta con apoyo de los militares. El ministro de Defensa debe tener respaldo del presidente de la República y del Parlamento que es lo Constitucional, no importa si es simpático o no con los militares, eso es una barbaridad institucional y un desgraciado resabio de otros tiempos. Ahora, en el FA se horrorizan, pero lo festejaban y se reían de sus ordinarieces (¿se acuerdan cuando trató de perro homosexual al actual presidente?). Era ocurrente además, si atacaba a la oposición, porque según estos nuevos indignados anti-Huidobro si insultaba a otros, era un genio pero si le dice “enfermitos” a ellos, hay que destituirlo.

Fernández no es que esté tambaleando, su silla está vacía aunque esté ocupada por él en un Consejo de Ministros donde ya está ido, no porque lo pida nadie sino porque ningún gobierno democrático puede recibir consejos de quien no lo es y nunca lo fue. Aunque muchos de los que hoy piden su renuncia, antes lo aplaudían a rabiar.

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