Javier García
Javier García

Astori, con A de Auditoría

Transformó su grupo político en un emprendimiento familiar, quedó solo y derrotado, sin nada, excepto su principal característica: la soberbia. Es su sello.

Es de los principales padres de la derrota de su partido y su sector, sin embargo, conocedor de su insignificancia política actual, arremetió con el agravio contra Lacalle Pou. De ignorante y con mala fe, lo tildó.

No tuvo esa “valentía”, no de boca, que esa es de pulpería, para la tribuna, sino la de ir a la comisaría para denunciar la corrupción, alguna en su propio grupo, que se negó a censurar como en los Casinos municipales, o los vales truchos del BROU, organismo de su directa influencia política, o miró calladito como se llevaban Ancap en un carrito, y nos costaba 850 millones de dólares. Ahí, modosito el Contador. Mintió en la campaña pasada prometiendo no subir impuestos y se encargó de dispararlos riéndose, en su soberbia infinita, de los uruguayos.

Nos sigue dando cátedra, pero fue tan pobre su gestión que, aun recaudando con las dos manos, a cuenta de una economía que sopló con fuerza, se calló la boca también cuando despilfarraban la plata, o la malgastaban en negocios ruinosos y en contrataciones malolientes en algunos lugares de la administración.

Unos 180.000 uruguayos no tienen trabajo entre otras cosas porque Astori dirigió la economía desde hace 15 años inflando al Estado hasta la obesidad, que pagaron los bolsillos de los uruguayos trabajadores, comerciantes y productores para financiar a sus amigos del comité, y para que grupos del FA, en ASSE, o en el Fondes, en el Mides y en unos cuantos lugares más, la usaran sin control y se perdiera, mucha de ella, en bolsillos lejanos a los más necesitados.

Desempleo, inflación y un déficit que prometió bajar y casi lo duplicó. Nos endeudó por generaciones. Y tiene la cara tan pétrea que agravia y en su pedestal de papel mojado, insulta al presidente electo. ¿Justo él con su prontuario de ineptitud y fracasos?

Astori se apaga en la política soplado por sus exvotantes.

De lo que no se escapará es de las auditorías que llevaremos adelante. Que no deberían preocuparle tanto, pero es lo que lo irrita en estas horas. Diez años de ministro de Economía y cinco de vicepresidente. Muchos años, muy nervioso. Entró como profesor de profesores arropado por la academia, que lo lisonjeaba, y se va despechado por su soledad, inflamando su boca. Dar clases de conocimiento y buena fe no parece ser algo que le caiga bien.

El 1º de marzo el gobierno entrante ordenará auditar las oficinas públicas. Eso ha puesto fuera de sí a varios, entre ellos al Contador y Profesor. La izquierda uruguaya no soporta que una enorme expresión popular le haya dicho que se acabó la impunidad, no solo la de los delincuentes de la violencia, sino la de aquellos políticos que le dieron la espalda al pueblo, que le daban clases con gráficas multicolores y le decían que estaban bien mientras perdían el trabajo, que el país crecía, mientras cerraban sus comercios, que nunca se vivió mejor mientras la economía familiar se endeudaba.

En esta elección ni los miedos ni la soberbia pudieron y eso que de los dos hubo a toneladas. El silencio y la humildad no son frecuentados por el Contador Profesor, pero sí adentro de las urnas, y ahí, por suerte, vale todo uno: el soberbio altanero y el humilde ciudadano que le dijo ¡váyase!

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