Javier García
Javier García

El alma pronuncia

Este será la última columna antes de las internas. La veda nos impide el próximo sábado referirnos a temas políticos. Vamos a decir hoy entonces lo que no podemos dentro de una semana.

Este será la última columna antes de las internas. La veda nos impide el próximo sábado referirnos a temas políticos. Vamos a decir hoy entonces lo que no podemos dentro de una semana.

En el último año cambiaron radicalmente las expectativas electorales. Muchos pensaban que las elecciones de octubre y noviembre serían un mero trámite y que bastaba que Tabaré Vázquez decidiera ser candidato para ser ungido presidente virtual. Las encuestas, los analistas y muchos otros pontificaban sobre un nuevo gobierno del Frente Amplio. Un año después los mismos abren el paraguas, cuando no enormes toldos impermeables, plantean hipótesis y para no quedar mal dicen que todo puede pasar. Así es difícil errarle.

El gobierno del Frente Amplio está agotado. Se quedó sin discurso, y sin renovación. El partido más tradicional de todos es hoy el FA, si por tradicional se entiende lo que despectivamente el propio FA enseñaba sobre otros: viejas prácticas, viejos discursos y gobernado por dirigentes que impiden su renovación. La pobre Constanza Moreira anda por ahí rogando espacios y tratando que no la aplaste el aparato partidario. Vázquez no comparte con ella ni un café.

Íbamos derecho a otro gobierno del FA. Pero la renovación empujó la puerta del Partido Nacional y el más viejo de todos los partidos sacudió al sistema político. En el Partido Nacional se elegirá entre dos candidatos. Será la única elección interna porque es la única competitiva. La realidad política indica que el balotaje de noviembre será entre el Partido Nacional y el Frente Amplio, y por eso entonces en la interna nacionalista se elegirá seguramente al próximo presidente de la República. Desde el Frente Amplio se mira nuestra interna con inocultable preocupación, saben que aquí y de su resultado puede depender el pasaje de vuelta para sus casas.

La economía solía ser el talón de Aquiles de los gobiernos. Si la economía estaba bien y los bolsillos tranquilos, no había partido que perdiera un gobierno. La economía uruguaya está estable, hay signos de preocupación para el mediano plazo, pero el FA llega empujado por el viento de cola. Por eso el tema económico no es el eje del debate. Ningún partido plantea cambios radicales tampoco. Los uruguayos fueron desplazando la economía por la política para tomar sus decisiones. No es la economía lo que anda a los tumbos, es todo lo demás que es tan importante como los números: la protección de las personas y las familias en eso tan amplio que es la seguridad, la educación, una sociedad que observa un gobierno con un discurso facilongo y demagógico que empareja para abajo, un país al que tiene atado con alambre cuando lo podía haber dejado en la pista del despegue.

La elección va a ser entonces entre un proceso cansino de “es lo que hay valor”, que representa Vázquez, o el candidato del Partido Nacional que se va a elegir en ocho días. En nuestras manos está sacar al Frente Amplio, sencillamente porque tuvo todo e hizo poco. La economía no define las cosas que puede hacer un gobierno, éste es la prueba, lo define el empuje, la eficacia en la gestión, la profesionalidad, en definitiva cosas que se deciden desde la política. Se puede votar por “es lo que hay valor” o se puede aprovechar para votar en el Partido Nacional y hacerlo por lo que el alma pronuncia. Si es así, como decía Wilson, seguro “de que se van, se van”.

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