Javier García
Javier García

Acuerdo capital

La Concertación no llegó a los votos y como lema no se podrá usar. La concertación de fuerzas y partidos por un cambio en Montevideo, sin embargo, sigue vigente.

El lema era un instrumento para facilitar una voluntad política, pero lo que importa es la idea y esa tiene otras formas de concretarse. Rendirse ante este obstáculo matemático sería una irresponsabilidad, ahora hay que ser inteligentes y poner por delante las herramientas que puedan existir.

Veamos. Varios partidos, prácticamente todos los que hoy integramos el arco opositor, ya adelantamos públicamente la voluntad de integrar una coalición de gobierno a partir de marzo de 2020. La base es construir un acuerdo republicano, un gobierno de oportunidades con prioridades comunes en la que todos coincidimos. La educación en el centro de ese gobierno, asumiendo la autoridad que se perdió en todos los ámbitos y que permita que la gente pueda desarrollarse, trabajar y producir en una sociedad segura, respetuosa de los derechos de las personas, con políticas sociales activas y transparentes.

Todos estos partidos coincidimos, además, en que lo jurídico está por encima de lo político y que la democracia es respeto a los derechos humanos, así que no dudamos que hay que condenar a los regímenes corruptos y criminales como el de Venezuela.

Vamos hacia un acuerdo de distintos, pero dispuestos a cooperar por objetivos que pueden no ser exactos pero son muy confluyentes. La riqueza está en lo diverso dentro de las coincidencias. Si esto se puede lograr para un objetivo tan grande como el gobierno nacional, entonces sería injustificable descartarlo entre los mismos integrantes para un objetivo muy importante pero obviamente menor porque es departamental. Si se puede lo más, se puede lo menos.

Imaginemos un gobierno nacional de coalición instalado el 1º de marzo próximo, tres meses después serán las elecciones departamentales y municipales, es lógico que aquellos que acordaron en lo nacional deben tener un esquema de unidad para Montevideo, como consecuencia de ese mismo acuerdo nacional.

La coalición no debería estar unida en un gobierno nacional y dividida por la intendencia de Montevideo, no sería una buena señal. Quince años después de gobiernos del FA en lo nacional no dejan dudas de la necesidad de alternancia. Esto que es válido para el país es mucho más imperioso en la capital, donde el FA gobierna hace treinta años. El desgaste, la mala gestión, pero aun así la reincidencia de gobiernos del FA solo puede explicarse por la falta de prioridades que muchas veces los demás partidos pusimos en la conquista de Montevideo, quizás hasta por rendirnos antes de tiempo en virtud de un sistema electoral que no tiene doble vuelta y permite que el FA gane por su mayoría relativa frente a los demás partidos separados.

Tenemos un obstáculo que se puede saltar si mantenemos la voluntad de acordar. Un lema que haya votado en la interna puede ser la base de un acuerdo técnico que permita viabilizar una idea con vigencia plena. Por primera vez en Montevideo hay dirigentes políticos en el Partido Nacional, como seguramente en los demás partidos, que tienen como prioridad una fuerte vocación municipal y departamental, y son el preanuncio de que ya cambió algo. Nada fracasó. Vamos a lograr un acuerdo que será capital, no solo para Montevideo, también para el país.

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