Javier García
Javier García

Es ahora

Hace seis años comenzamos a recorrer junto a Luis Lacalle Pou el camino con el objetivo que se concretará el domingo 27.

Construimos un espacio político integrador que rompió con los moldes tradicionales en el Partido Nacional, que miró para adelante sin dejar de lado nuestros orígenes sectoriales, pero que superó esas diferencias históricas que encolumnaban a los blancos a través del wilsonismo (antes los blancos independientes) o el herrerismo. Está muy bien para la historia, pero el pasado no puede ser la invitación para convocar a miles de uruguayos a construir el futuro.

En ocho días damos el primer paso, que en noviembre cristaliza con un gobierno nacional de inclusión y plural. Quince años de exclusión política, de gobierno monocolor y soberbio, merecen un final para que venga un equipo que sea la contracara con humildad republicana, con gobernantes que sepan que vienen a servir y no a servirse y hacer negocios como algunos aprovecharon a hacer a costa del Estado, beneficiándose simplemente por visitar el comité y otros corrompiendo y amañando decisiones.

La mayoría que gobernará no tiene compromisos con las corporaciones de ningún tipo, ni con el pasado de enfrentamientos y divisiones. Muchos de los que tenemos responsabilidad política, en los partidos que hoy estamos en la oposición, nos conocimos en la lucha por la libertad y en las organizaciones sociales que nos servían como trinchera de lucha en momentos difíciles, siempre del lado de la República y la libertad. Nos conocemos bien con la generación de dirigentes colorados e independientes que abrimos paso en aquellos años. Con los partidos más nuevos hemos tejido vínculos de respeto y comprensión recíproca. No excluimos a nadie del diálogo, ya tuvimos demasiada exclusión. El único enfrentamiento que tenemos es con los autoritarios del signo que sea, que en definitiva son lo mismo.

Es ahora porque hay desesperanza en el pueblo uruguayo, y hay frustración. Los gobiernos del FA hicieron cosas bien, como todos los gobiernos democráticos, pero la ecuación entre todo lo que tuvieron de recursos y mayorías propias es francamente negativa.

Se llenaron de soberbia y fueron impunes, por eso terminaron generando corrupción. Fueron 15 años donde la ideología fue un salvoconducto para meter la pata. La coalición que viene no es ideológica, es pragmática. No vale la pena perder tiempo en tratar de coincidir en temas que no son de gobierno. Hay que acordar en lo necesario y en lo urgente. Hay que acordar en seguridad, en devolverle republicanismo a un ejercicio del gobierno plagado de corporativismo sindical, que le robó espacios a la soberanía popular. Hay que defender los derechos y también asumir los deberes que tenemos.

El Uruguay social, que tiene casi dos siglos de progreso, tiene que caminar junto al país de oportunidades. La sociedad civil y los ciudadanos tienen que ser el centro y hay que proteger su iniciativa sin el acoso de un Estado que no puede ser un fin. El Estado no genera oportunidades, las hacen las mujeres y hombres que arriesgan y emprenden.

Es ahora porque hay ganas y hay empuje. Porque el mundo no espera a que despertemos. Pedimos cinco años. No les pedimos que se hagan nacionalistas, sino simplemente que confíen en el Partido Nacional, en Luis y en el equipo. Estamos preparados.

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