Javier García
Javier García

Es ahora

Hay varios partidos democráticos y republicanos, pero las circunstancias indican que el que le puede ganar al FA y construir una coalición inclusiva es el Partido Nacional.

Cuál es la necesidad de buscar primero las diferencias si podemos optar por lo principal que es cambiar de gobierno. Con los partidos de la oposición no coincidimos en todo, pero mucho menos coincidimos con el FA que tiene sectores claramente no democráticos y que no respetan la ley, porque para muchos e importantes grupos de allí lo político está por encima de lo jurídico, o Venezuela es democrático, o encubren la corrupción.

La primera señal rumbo a la coalición es dar certezas y seguridad. Ser, además, previsibles hasta en la sorpresa. El domingo de noche para muchos pudo ser una sorpresa que los blancos decidiéramos con rapidez y unidad la fórmula. Pero era previsible, para quien mira la política con madurez, que un liderazgo fuerte pusiera arriba de la mesa la responsabilidad que tiene un partido que aspira a ser gobierno. Eso hizo Lacalle Pou, lideró con responsabilidad. Y eso hizo el Partido Nacional, definió que la presidente del Directorio era la persona indicada. Fue una decisión no de partido, sino de gobierno.

Cuando tenemos un gobierno que lleva más de un año ausente y se escapó de su responsabilidad, con un presidente fugado de su banda presidencial ante las incertidumbres económicas y sociales, es bueno tener actitud de mando democrático. No es poca cosa saber que un liderazgo emergente tiene capacidad de conducir con firmeza.

No va a ser fácil el próximo periodo (seguramente la situación será peor de lo imaginado) ni tampoco articular todos los partidos atrás de las soluciones. El arco opositor no es un bloque compacto de partidos clonados, tenemos orígenes y sensibilidades diferentes. Tampoco es fácil en las democracias más modernas y pujantes en el mundo que arman coaliciones no de idénticos sino de diferentes, pero con voluntades confluyentes. No deben asustar las diferencias nunca, lo que debe asustar es no tener voluntad de acordar entre distintos, que las diferencias sean un modo de vida y no un obstáculo a vencer.

Lo partidos que viven del enfrentamiento generan países quebrados en su trama social. Es el caso del FA. No todos allí alientan el enfrentamiento, pero la matriz ideológica de los grupos que mandan es la lucha de clases, ahí abrevan. Por eso hay también una fuga de electorado frentista a partidos opositores. La situación económica, el estancamiento y la falta de inversión está muy basada en que el capital que genera empleo no arriesga ante la incertidumbre de perderse todo en una asamblea gremial que decide más que el gobierno. No invierte cuando lo que manda no es la ley sino el grito. Y mucho menos si a eso se agrega el riesgo a perder la vida por el solo hecho de estar atrás de un mostrador o una caja trabajando.

Si esto es lo importante, por delante tenemos que hablar más de las coincidencias por el país, que detenernos en las diferencias por los partidos.

La señal electoral del domingo es demoledora: la votación fue amplísimamente mayoritaria a favor de los partidos que buscan cambiar. El 76% eligió mayoritariamente a partidos de la oposición, y dentro de él, el 42% al Partido Nacional. Gustará más a algunos o un poco menos a otros, pero ahí está objetivamente la alternativa.

¿Verdad que es ahora?

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