Isabelle Chaquiriand
Isabelle Chaquiriand

¿Ir a votar o no? Esa es la cuestión

Mi abuela nació en 1905 y falleció a los 98 años. A pesar de su larga vida, no tenía tantos sellos en su credencial cívica como uno pudiera imaginar.

El primero era de 1938, cuando las mujeres pudieron votar en nuestro país por primera vez. Después hubo una larga pausa entre 1971 y 1985 durante la dictadura. En sus últimos años, si bien su edad la eximía de hacerlo, en su cabeza no existía la opción de no ir a votar. Ella sabía lo que era no poder ejercer ese derecho.

El promedio histórico de participación en las internas en Uruguay es del 45% llegando al 37% en 2014. A pesar de estar en el escenario más incierto en los 20 años de elecciones internas, según la consultora Cifra sólo el 49% de los habilitados participará y el precandidato nacionalista Enrique Antía dijo que cree que el porcentaje será aún menor. En sus recorridas percibió que “la gente estaba fría, no había conciencia de que es una instancia importante”.

Esta realidad no solo ocurre en nuestro país, el mundo entero está pasando por una crisis del sistema político en la que la propaganda, los discursos grandilocuentes y los candidatos con “una nueva forma de hacer política” hacen desconfiar hasta a los más creyentes. Una gran parte de la población está cansada y decepcionada de la política, como una caja interminable de promesas incumplidas, falta de honestidad o incapacidad, sumado a la percepción de que el voto individual poco incide en la masa del conjunto. ¿Descreimiento? ¿Desinterés? ¿O directamente renuncia?

Hace pocos días, Mónica Bottero, quien dejara el periodismo para dedicarse a la vida política, dijo en una nota “no podés decir que no te interesa cuando se trata de quiénes están administrando tu dinero y tu libertad”. Un país no son los principios que están en un libro de historia o en documentos colgados en edificios históricos. Una sociedad que está viva se construye cada día con la suma de pequeñas decisiones. Los valores e ideales están en la mente y corazones de los ciudadanos que cada día eligen cómo actuar, qué futuro desean tener y qué país quieren dejarle a las próximas generaciones, creando un hilo común a todos los ciudadanos que es la conciencia colectiva. Un conjunto de valores comunes que nos une a pesar de todas las diferencias y hace funcionar el imperfecto sistema que es la democracia. No votar implica deliberadamente, por rebeldía o pereza, elegir no ser parte de esta construcción colectiva.

Es ingenuo pensar que el gobierno de turno no tiene un papel importante que jugar en nuestras vidas presentes y en la construcción del futuro del país. No va a solucionar todos nuestros problemas, pero sí incidirá en muchos de ellos. En estas internas, en las que por primera vez los resultados “están abiertos” en varios partidos, por imperfectos que sean los candidatos, se define quién podrá ser el futuro presidente de los uruguayos en los próximos 5 años. Considerarnos eximidos de esa responsabilidad es renunciar a la elección personal y entregarnos como objeto de la voluntad de otros. No sólo nos hace cómplices y responsables por negligencia ante cualquier escenario, sino que debería quitarnos la posibilidad de reclamar, protestar y exigir respuestas en contrapartida.

La mitad de los que tienen ese privilegio no lo van a ejercer. ¿De qué lado vas a estar?

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