Isabelle Chaquiriand
Isabelle Chaquiriand

Entre lo improbable y lo impredecible

“Nunca pasó algo así”. “Era imposible preverlo”. “Está fuera de todo lo esperado”. De forma más o menos inconsciente, todos los seres humanos tomamos decisiones racionales en base a nuestra evaluación de riesgo.

Desde las decisiones cotidianas de nuestra vida personal hasta las profesionales, decidimos en función de la probabilidad de éxito menos costo de llevar esa decisión adelante. Pero, cuando hablamos de probabilidad, está implícito el concepto de riesgo, es decir, varios escenarios donde hay variables fuera de nuestro control. Los grandes teóricos de la gestión de riesgo dicen que la clave está en la capacidad de adaptarse a los cambios, para poder acomodarse rápidamente a cualquier nuevo escenario que se pueda presentar.

A veces las personas le reuímos al riesgo, como queriendo escapar de él, cuando en verdad es algo inevitable. El riesgo no es más ni menos que una posibilidad de cambio, una brecha entre lo que preveemos y lo que puede pasar, donde dependiendo de cómo nos posicionemos, podemos salir ganando o perdiendo. Pero, ¿cómo manejarlo en tiempos donde parece que el mundo es impredecible?

En 2007, Nassim Taleb, filósofo e investigador libanés, desarrolló la teoría del cisne negro. Ésta implica un suceso sorpresivo (para el observador), de gran impacto socioeconómico y que, una vez ocurrido, se racionaliza por retrospección, haciendo que parezca predecible o explicable, y dando impresión de que se esperaba que ocurriera.

Ejemplos de "cisne negros" son el inicio de la Primera Guerra Mundial, la gripe española, el 11 de setiembre y ahora se incorpora la pandemia de coronavirus que estamos viviendo.

Estos eventos son atípicos y están fuera de cualquier expectativa porque no hay nada en el pasado que nos deje ver que hay una posibilidad de que ocurran. Y por ende, tienen un impacto extremo, porque no estamos preparados para que ocurran. Pero, a pesar de su rareza, una vez que suceden las personas tendemos a inventar explicaciones de su presencia y nos da la sensación de que “cómo no la vimos venir” …

Su denominación de cisne negro viene de la presunción que existía en Europa de que todos los cisnes eran blancos, porque nunca se había visto un cisne de otro color. En ese contexto, un cisne negro era imposible. Pero en 1697 una expedición holandesa a Australia Occidental descubrió cisnes negros. A partir de allí el término se acuñó para denominar los eventos que para uno son imposibles, pero es solamente porque nuestros registros históricos no lo vieron nunca. No porque no existan.

Aunque son muy atípicos, estos hechos tienen un papel dominante en la historia ya que juegan roles mucho más grandes que los sucesos de todos los días. Según Taleb, una pequeña cantidad de cisnes negros explica casi todo en la historia de la humanidad y de nuestra vida personal.

Pero ¿cómo enfrentarlos? Según Taleb, la clave no está en tratar de predecirlos, sino en concentrar los esfuerzos identificando áreas de vulnerabilidad para "volver a los cisnes negros blancos". Taleb sostiene que muchas empresas son muy vulnerables a ellos porque basan sus proyecciones en base a los datos históricos, en lugar de asumir que cualquier cosa puede pasar. Y por ende, hacer foco en sus áreas de vulnerabilidad para, en caso de que aparezca este tipo de eventos, “hacer tortilla con los huevos rotos”.

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