Isabelle Chaquiriand
Isabelle Chaquiriand

Las horas más oscuras

A mí no me molesta que se divorcien, a mí me molesta que se casen mal”.

Ese fue el consejo que me dio una de mis tías antes de casarme. En el matrimonio, como en tantas otras cosas en la vida en las que uno busca un socio o elige a alguien para un proyecto, las personas tendemos a elegir con sesgo optimista. Imaginamos el futuro solo con situaciones positivas, negando o minimizando la posibilidad de momentos difíciles. Es decir, en la teoría de mi tía, tendemos a casarnos con las personas con las que nos divertimos, nos atraen físicamente. Pero no consideramos cómo se comportaría ante situaciones más complejas que se pueden llegar a presentar, por lo que terminamos negando señales que podríamos haber visto antes.

En la actividad emprendedora está más que estudiado. Por eso es que existen acuerdos de socios y diferentes mecanismos que ayudan a los emprendedores a considerar la eventualidad y el impacto en los socios de situaciones difíciles desde el inicio. Porque ya se sabe, nuestro subconsciente las va a querer evitar, pero van a suceder.

No es muy diferente a la hora de elegir a nuestros gobernantes. Cuando vamos a votar, la mayoría de nosotros elige y vota en base a las propuestas de un programa de gobierno (que cada vez se reduce más a un titular de diario o un tweet, porque pocos leen los programas de gobierno). Pero acaso, ¿votamos en base a cómo manejarían las eventuales situaciones difíciles que se puedan presentar? ¿Tenemos en cuenta qué capacidad política y de liderazgo tendrá el o los candidatos para manejar las crisis? Si hay algo que es seguro es que el plan de gobierno no se va a cumplir tal cual fue planificado. Siempre van a haber imprevistos. ¿Votamos en base a las promesas electorales o elegimos líderes que puedan manejar momentos difíciles?

En 1940, uno de los principales motivos por los que Churchill fue elegido primer ministro de Reino Unido fue que era el único candidato al que la oposición no se iba a oponer, y en ese momento tan crítico, el consenso era indispensable. En 2002, Atchugarry fue designado Ministro de Economía por sus habilidades políticas, no así por sus conocimientos de Economía. Hace pocos días, Jacinda Ardern, Primera Ministra de Nueva Zelanda, ha unido a su nación y recibido reconocimiento global por la forma como manejó ese país tras el ataque terrorista que dejó 50 muertos. Estos líderes supieron unir a un país ante una situación de crisis, que no había sido contemplada en ningún programa de gobierno.

En este año de elecciones, parecería que fomentar la grieta, agredir al oponente, es sin lugar a duda una medida poco inteligente. Porque los electores no sólo deberíamos buscar promesas electorales, sino líderes que puedan manejar el país en los próximos años, lo que necesariamente se tendrá que ser con toda la clase política. Bombardear toda posibilidad de conversación, incluso antes de empezar el gobierno, es poco político. Es de poco líder.

Subir el nivel de la campaña debería ser un tema de inteligencia electoral y de visión de futuro. Como dice una de las premisas del método de negociación de Harvard, hay que “ser duros con el problema, pero suaves con la persona”. Porque los verdaderos líderes tienen que ser aquellos capaces de manejar los buenos momentos, pero las horas más oscuras también.

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