Isabelle Chaquiriand
Isabelle Chaquiriand

Bielsa, Pérez-Reverte y las ventanas rotas

Hace algunos días, el fútbol inglés vivió un hecho inédito que dejó dividido al mundo del deporte. Jugaba el Leeds como locatario, dirigido por el argentino Marcelo Bielsa.

El Leeds anota el primer gol del partido en medio de una polémica: uno de sus jugadores se lesiona, tras lo cual los jugadores del Aston Villa se detienen. Pero el juez no paró el partido, el Leeds aprovechó la distracción de los jugadores del equipo rival y marcó el gol. Acto seguido, Bielsa le da una orden a sus jugadores: se tenían que dejar hacer un gol. Cuando reinició el partido, los jugadores del Leeds quedaron parados y los del Aston Villa anotaron el empate.

Consultado Bielsa luego del partido, declaró: “El fútbol inglés es conocido por su deportividad, yo no soy quien debe expresarse en un lugar donde esa forma de actuar es un valor”. ¿Hubiera hecho lo mismo si estuviera en Argentina? No lo sabemos. Pero en ese contexto, está claro que el fin no justifica los medios.

En 1969, en la Universidad de Stanford el Prof. Philip Zimpardo realizó un experimento: dejó dos autos idénticos abandonados en la calle. Uno lo dejó en el Bronx, por entonces una zona pobre y conflictiva de Nueva York y el otro en Palo Alto, una zona rica y tranquila de California. El auto en el Bronx comenzó a ser vandalizado en pocas horas, el auto en Palo Alto se mantuvo intacto. En un principio, atribuyeron a la pobreza las causas del delito. Sin embargo, el experimento no finalizó ahí.

Los investigadores rompieron un vidrio del auto de Palo Alto. El resultado fue que se desató el mismo proceso que en el Bronx: la violencia y el vandalismo dejaron el auto en el mismo estado que el del Bronx. ¿Qué pasó? No se trata de pobreza. Un vidrio roto en un auto abandonado transmite una idea de desinterés, de despreocupación que va rompiendo códigos de convivencia. Cada nuevo ataque que sufre el auto reafirma y multiplica esa idea, en una escalada incontenible.

Investigaciones posteriores desarrollaron la “teoría de las ventanas rotas”, en la que sostienen que en sociedades donde se cometen “pequeñas faltas” (estacionarse en lugar prohibido, exceder el límite de velocidad o pasarse una luz roja) y las mismas no son sancionadas, llevará a faltas mayores y luego a delitos cada vez más graves.

Hace unos meses, Arturo Pérez-Reverte, en una de sus columnas semanales que llamó “Idiotas Sociales”, hizo una fuerte defensa de las formas de conducta y moda- les en una sociedad: “Asusta la ausencia de remordimientos, de complejos, de sentido del decoro o el ridículo. La ignorancia de que a veces, con determinadas actitudes, se falta el respeto a los demás”. Denunciando en otras palabras que estamos en una sociedad donde los vidrios ya están rotos y nos importa poco romper un poco más en pequeñas cosas de todos los días.

¿Cuál es la solución? Los sociólogos lo llamaron “Tolerancia cero”. Pero no a la persona que comete el delito, sino frente al delito mismo. Tal y como hizo Bielsa. Es responsabilidad del Ministro del Interior la delincuencia; de la de Educación, la cultura. Pero todos y cada uno de nosotros, construimos los valores de una sociedad cuando decidimos si rompemos los vidrios o le devolvemos el gol a nuestro adversario, en cada una de las decisiones cuando salimos a la cancha.

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