Isabelle Chaquiriand
Isabelle Chaquiriand

El alma enferma de la sociedad

No puede haber una revelación más intensa del alma de una sociedad que la forma en que se trata a sus niños”, dijo Nelson Mandela. No es solamente una afirmación romántica, es ciencia.

Los períodos más sensibles en el desarrollo del cerebro de un ser humano se producen entre el primer y segundo año de vida en la mayoría de las áreas. El control emocional es uno de los que madura casi exclusivamente en los primeros tres años de vida. En 1997, la Child Trauma Academy estudió las consecuencias del abandono sensorial sobre el desarrollo del cerebro. El resultado arrojó que el cerebro de un niño de 3 años que ha sufrido abandono es significativamente menor que el cerebro promedio y tiene un desarrollo anormal de su corteza. Lo que no pasa en esa etapa de la vida, no tiene vuelta atrás.

Hace 30 años, la Asamblea General de la ONU dio un paso histórico en el compromiso con la infancia al aprobar la Convención de los Derechos del Niño, que determina que la infancia es una etapa especial, que debe protegerse para que los niños crezcan sanos, aprendan y prosperen. Reconoce al niño como sujeto de derechos y establece las responsabilidades del Estado y la sociedad para que todos ellos vivan seguros, protegidos y desarrollen al máximo sus aptitudes físicas y mentales.

En 2004, Uruguay aprobó el Código de la Niñez y la Adolescencia y en 2007 se crea el Sipiav. Sin embargo, no ha sido suficiente: después de Surinam y Haití, Uruguay es el tercer país de América Latina que tiene más niños institucionalizados (en el INAU); tenemos niveles alarmantes en los resultados a nivel educativo en primaria y secundaria, y de criminalidad adolescente. Esto se agrava, en un contexto donde el 17% de los niños en nuestro país nacen por debajo de la línea de pobreza y el gasto público social en infancia y adolescencia es la cuarta parte que en los adultos. Parece mentira, pero no podemos garantizarles a los 44.000 niños que nacen por año en Uruguay las mismas oportunidades y un futuro que no quede truncado en sus primeros años de vida.

Desde hace varios meses está en estudio en el parlamento la Ley de Primera Infancia, que busca algo simple de entender, aunque difícil de implementar sin apoyo político: que, al igual que en los países desarrollados, se diseñe y organice el presupuesto desde lo que se llama una forma multidimensional, centrados en el niños y sus problemas y no en las estructuras del Estado. Además, busca medir con un sistema muy fuerte de información para poder evaluar y monitorear en tiempo real, y así saber qué cosas mejorar.

¿Qué es lo que está pasando? Todos los actores están de acuerdo en la importancia y necesidad de esta reforma del Estado, en la solución planteada y lo indispensable que es. Sin embargo, tiene y ha tenido resistencia por intereses políticos: a algunos les molesta porque les quita poder y visibiliza problemas no resueltos; y a los otros por “oportunidad política”. A los ojos de Mandela, el alma de nuestra sociedad está muy enferma.

Estos son los momentos de la verdad, donde nuestra sociedad pasa examen. Donde podemos definir qué tipo de futuro queremos y cómo seremos. Estamos a pocos días del receso por las elecciones y los niños no votan. ¿Será que una vez más los niños seguirán en lista de espera?

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