Ignacio Sienra
Ignacio Sienra

Con los ojos en la nuca

Este país, lamentablemente, se ve aquejado de un serio problema y es que no deja, y no puede dejar, de mirar el pasado. Está enfermo.

Este país, lamentablemente, se ve aquejado de un serio problema y es que no deja, y no puede dejar, de mirar el pasado. Está enfermo.

Es cierto que tuvimos una guerrilla, que nos trajo una dictadura, lo que generó violaciones de derechos humanos, asesinatos, desapariciones y otros tantos excesos. Todo deleznable.

Ahora bien, si comparamos lo ocurrido con otras naciones y países, lo nuestro fue, podríamos decir, bastante más leve que enormes genocidios, guerras mundiales, enfrentamientos religiosos interminables, destrucción de ciudades y mucho más.

En general, la gran mayoría de los países víctimas, han salido adelante mirando el futuro y procurando dejar de lado el pasado. No olvidando -que olvidar es de nabo- pero si perdonando, y dando vuelta las páginas amargas.

Acá no. Aquí pecamos de este defecto de estacionarnos y marchar muy despacito, mirando hacia atrás, atados al pasado.

Acaba de salir un libro de Gerardo Sotelo “Con las cartas contra el pecho” sobre la vuelta de Wilson Ferreira al Uruguay en 1983, que no dice nada nuevo, nada que no sepamos quienes vivimos esa época. Pero, hace mención a un hecho que parece molestar a algunos y es que el líder del Partido Nacional intentó pactar con los Militares la impunidad, contra la posibilidad de ser candidato en las elecciones de 1984.

¿Esto es verdadero? Es muy probable ¿Esto enchastra su conducta? No. Veamos:

Si uno lee y recuerda los discursos de Wilson previos a su retorno, puede inferir claramente varias cosas: él supo que sería el “pato de la boda”; resultado lógico por haber sido el primer y principal enemigo del régimen instalado por Bordaberry y los militares. Lo dejaron “más solo que al uno”, como se dice hoy día. Supo también elegir el momento preciso para retornar, contra algunos consejos que le hubieran extendido su período de reclusión.

Pero su gran visión de estadista, le hizo saber que del régimen se salía con una gran amnistía y perdón a los presos políticos y a los militares. Para ambas partes.

Entonces, por supuesto que debe haber procurado acordar ser candidato, ofreciendo por adelantado lo que ya habían pactado entregar sus contrincantes colorados, cívicos y frenteamplistas: la impunidad.

Wilson nació y transitó su vida para ser Presidente del Uruguay. Y no llegó a serlo, porque fue el más acérrimo opositor del régimen, y porque su salud no se lo permitió luego. Entonces, a nadie puede asombrar lo que escribe Sotelo. No dice NADA nuevo.

El problema es que seguimos mirando para atrás…

Aparece Amodio Pérez y nos habla del arsenal de Ciudad de la Costa; la cuñada del Pepe lo trata de traidor y nos sigue hablando del ayer. Fernández Huidobro sigue atado a un negro pasado.

Muy a mi pesar, por la falta de simpatía que me genera el personaje que la dirige, lo único que vive el presente, que se ha aggiornado y enfrenta el futuro con alegría, es la selección uruguaya, más allá de sus ocasionales resultados. Hace 15 años que se produjo un importante cambio en la dirección, que desembocó en un proceso sumamente exitoso, que ha dejado en la mejor historia grandes logros históricos, y nos ha permitido vivir el presente y ubicarnos de cara al futuro.

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