Ignacio Sienra
Ignacio Sienra

El Maestro... la mosca blanca

En este entreverado país que nos viene dejando destartalado el partido de gobierno, ha habido casi en paralelo, un proceso exitoso llevado a cabo por un Consejo Ejecutivo (con los perdones a Sebastián Bauzá) y un cuerpo técnico, a nivel de la Selección.

Uruguay ha sido cuarto en Sudáfrica, quedó en octavos en Brasil, y ha sido quinto en este Mundial que se cerró en Rusia. Quedan pocos detractores o contras "al proceso" porque los resultados y la realidad son abrumadores.

El Maestro Tabárez ha sabido ser la cabeza de todos los uruguayos. Lo primero que extirpó —salvo alguna pequeña filtración— fue la condición de futbolistas de Nacional o Peñarol. Al complejo celeste, solo se ingresa bajo la condición de uruguayo. Un día se le preguntó a Lugano siendo este capitán, algo relativo a Nacional. Su respuesta inmediata y respetuosa al periodista fue: "te equivocaste de lugar: esa pregunta no corresponde hacerla ni responderla acá". Terminante. Mujica y Tabaré Vázquez jamás entendieron algo tan simple como que debían ser presidentes de todos los uruguayos. Solo lo fueron de sus partidos y de las bases. Primera enorme diferencia: la unión de la ciudadanía.

Si algo cambió profundamente Tabárez, fue la educación de los integrantes del seleccionado. Pasamos de estrellas que ninguneaban y se escapaban de la prensa y de los hinchas, a hombres íntegros, amables, respetuosos y sobre todo profesionales. Comparar este aspecto con la verborragia asquerosa de Mujica, plena de epítetos vergonzantes que son su sello, al igual que la prepotencia, como medio de liberación cada vez que es o ha sido acorralado con una pregunta directa, es la contracara de la actitud de los integrantes de la selección, quienes respetan las preguntas y a los que les hacen las mismas, tomándose algunas con humor contagiante, con alegría y frescura.

El respeto es también un distintivo del cuerpo técnico de la selección. Y este, así como la confianza, se ganan y no se imponen. Quien quiera ser respetado primero debe respetar a los demás. Eso no ha podido pasar con estos gobiernos, porque ¿quién va a respetar a un mentiroso como lo ha sido Sendic y su título avalado por la vista de Topolansky? ¿Quién va a respetar a quienes siendo oposición se manifestaron claramente contrarios, por ejemplo, a un tipo de imposición tributaria o a ajustes encubiertos, y cuando toman la responsabilidad de gobernar hacen exactamente lo contrario, elevado a la enésima potencia? ¿Quién puede respetar a quien defiende a delincuentes, y niega delitos como estafas, falsificaciones, peculado y tantos otros, absolutamente probados?

Hay otro aspecto medular que tira abajo lamentablemente cualquier tipo de comparación o parentesco, entre el gobierno y el proceso. Y es nada menos y nada más que el ejercicio de la autoridad. Si algo debieran aprender los abulonados responsables de la total inseguridad que reina en nuestro país, es que el ejercicio de la misma es sin dudas un arte, pero no se necesita ser ingeniero de la Nasa o estratega militar para hacerlo bien.

Basada en principios de elemental convivencia, la seguridad es esencial. El ejercicio de la autoridad reposa en el cuidado a la ciudadanía, el respeto de la propiedad, el derecho a la libertad, a la vida. Condición más imprescindible que la seguridad pública no hay.

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