Ignacio Sienra
Ignacio Sienra

Madame Bonomi

El 14 de junio pasado, Eduardo Bonomi expresó que su cartera se ha fijado “un camino que se va recorriendo” y que a pesar de los reiterados pedidos de renuncia de la oposición, no dejará el cargo a menos que “crea que lo que estamos haciendo ya no sirve” o “cuando el presidente me lo pida”.

El 14 de junio pasado, Eduardo Bonomi expresó que su cartera se ha fijado “un camino que se va recorriendo” y que a pesar de los reiterados pedidos de renuncia de la oposición, no dejará el cargo a menos que “crea que lo que estamos haciendo ya no sirve” o “cuando el presidente me lo pida”.

Ante los hechos de pública notoriedad que lo vinculan a la barra brava del Club Atlético Peñarol, parecería razonable la renuncia del Ministro.

Si bien el fracaso, en su larga trayectoria al frente del Ministerio ha sido estrepitoso, causa asombro como pueden ser la actuación y los dichos de Madame Bonomi los que hagan saltar al Ministro.

En realidad creemos que, como lo estampó el editorial de El País del jueves, “No da para más”. Su alejamiento lo exige el sentido común y, sin dudas toda la ciudadanía. El presidente ha mostrado dos facetas muy nítidas y contrapuestas: una de ellas hacia la oposición y el pueblo, que se caracteriza por el agravio personal, y por la intención de vender una imagen de fuerza, y la otra, absolutamente pusilánime hacia dentro de su partido, en donde no manda y lo han dejado en falsa escuadra cada vez que quiso imponer algo.

De manera que no creemos que Bonomi vaya a renunciar por pedido de Vázquez. La realidad indica que no habría opción, pero Vázquez no se va a animar.

Las contradicciones entre el Ministro y Madame, que además es representante nacional, son de tal magnitud y gravedad ante el tema de la barra brava de Peñarol, que denotan una torpeza tremenda de parte del Ministro, quien en un solo acto -conferencia de prensa-, negó escuchas, amenazó a la prensa y utilizó su cargo para ayudar a su esposa, con quien no sabemos a ciencia cierta en qué idioma dialogan, ya que Madame Bonomi ratificó, sin pudor, haber pretendido usar la influencia que tiene frente a los “barra”, gracias a la tarea de su esposo, para utilizarlos políticamente.

Deberían compararse el Ministro y la fuerza que lo sostiene, con la reciente dimisión de la ministra sueca de Educación Aída Hadžialic, quien renunció tras haber dado positivo en un control de alcoholemia. Had-žialic reveló que fue sometida a un control cuando volvía manejando un auto desde un concierto en Copenhague, Dinamarca, y que la prueba arrojó como resultado 0,2 miligramos de alcohol en sangre, la cantidad mínima que en Suecia se considera delito. Lamentó haber “decepcionado” a mucha gente y dijo estar “furiosa consigo misma”, además de “profundamente arrepentida”.

Uruguay integra otro planeta; de eso no cabe duda. No somos parte de esa cultura. Ellos deben estar equivocados; manejan otros códigos.

En estos lares, lamentablemente la gota ya desbordó el vaso, pero tal vez Bonomi siga. Lo que no debemos olvidar es que durante su gestión, nuestro país retrocedió en todos los indicadores con los que se pueda medir la misma: inseguridad, rapiñas, delitos, estado de las cárceles, reincidencias. Adicionalmente, cada vez que murmulla ante situaciones delicadas, tiene la pésima costumbre de tomarle el pelo a las víctimas, y minimizar la realidad, en cuanto a la inseguridad que azota a los uruguayos. Ese es su legado, y el del Frente Amplio. El de Vázquez y el de Mujica.

Bonomi y el FA nos recuerdan a una vieja película de Ugo Tognazzi, de los años sesenta: “I Mostri”, que hacía un boxeador al que le daban tremenda biaba y declaraba “so’ contento”. ¡Desopilante!.

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