Ignacio Sienra
Ignacio Sienra

La coherencia paga

Conocí al candidato nacionalista Luis Lacalle Pou en enero de 2018. Si bien nos vimos un par de veces antes, en el entierro de mi padre y en ocasión de la presentación del libro homenaje, también a mi querido padre, simplemente nos habíamos saludado.

En enero de 2018 como consecuencia de una columna en la que expresé que si él creía que ganaría solo, sin alianzas, estaba muy equivocado, me hizo saber su molestia a través de Javier García -amigo común-, y también me comparó con el mago ilusionista Tony Kamo. Pero, me invitó un lunes de verano a su despacho en el Senado, donde concurrí a conocerlo, aunque sin arrepentimiento de lo escrito.

Puedo expresar, con la mayor honestidad posible, que me dedicó dos horas y se me presentó un ser humano simple, claro, abierto y muy seguro de sí mismo. Se tomó el trabajo de repasar y compartir sus últimos años en la política conmigo, sus sueños, sus amarguras cuando la última elección, su recuperación, y su estrategia de cara a las elecciones del próximo 27 de octubre.

Su despacho es muy simple, muchos libros, papeles, típico de un legislador trabajador.

Lo distinto: una pizarra con un calendario que abarcaba desde ese momento -o incluso antes- hasta el 27 de octubre de 2019.

En ella estaba -está- trazada una estrategia meticulosa, sumamente precisa, en la que se ve una ruta clara, respecto a alianzas (tender puentes), salidas a la prensa, silencios, momentos, interna, posinterna, etcétera.

Uno de los tópicos fue justamente el tendido de puentes, sobre todo por mi columna y su disgusto con ella, y aprovechó esa instancia para hacerme saber de su estrategia al respecto. Puedo afirmar que, para mi sorpresa, me dio dos adelantos, de dos hechos, que ocurrieron a posteriori tal como me los informara, y que cumplieron exactamente con ese anhelo de construir puentes.

En realidad, ya esa reunión conmigo, esa invitación, esa dedicación de su tiempo a un ciudadano común que lo había criticado, estaba denotando que el candidato ya estaba dando cumplimiento a su deseo, a su lineamiento; estaba tendiéndole la mano a alguien que lo estaba observando y discrepando con él. No recuerdo si le pedí disculpas, que nunca me las pidió, pero sí recuerdo que mi visión cambió sustancialmente, y así se lo hice saber sobre el final de la reunión, ahí ya con la presencia de nuestro amigo Javier García.

Posteriormente, vino a mi casa a reunirse con otros grandes amigos, al diario El País, y en cada instancia estuvo abierto a que se le preguntara lo que cada cual quisiera. De nuevo: simple, sin condiciones, abierto y sumamente respetuoso y sincero con sus respuestas.

Puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que Luis Lacalle Pou cumplió el camino trazado a rajatabla. No cayó nunca en el agravio personal; nunca.

Ahora le va a tocar unir un entramado difícil para ir con la mayor fuerza al balotaje, y para gobernar con coalición. Está preparado. Conjuntamente con esto, el Partido Nacional merece tener una oportunidad de liderar el gobierno los próximos cinco años. Ha hecho todo lo posible. Y tiene lo mejor, no para dar vuelta la complicada realidad que nos dejan estos 15 años de gobiernos frenteamplistas, pero sí para dar un golpe de timón que reencauce al país y a la sociedad en mejores condiciones que no admiten más demoras.

Como decimos en el título: ser coherente y verdadero es un activo que está faltando, y en gran parte por eso, el Partido Nacional será gobierno.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)