Ignacio Munyo
Ignacio Munyo

Mejor apertura comercial

Jair Bolsonaro acaba de asumir como presidente de Brasil. En base a sus anuncios y su gabinete, destacados analistas internacionales consideran que estarían dadas las condiciones para el surgimiento de mayor competencia en la economía brasileña.

"Queremos tener libertad para volar más alto". "Queremos que el Mercosur continúe pero con su debida dimensión". "¿Por qué no hacemos negocios con Inglaterra y tenemos en parte que pedir la bendición al Mercosur?", decía Bolsonaro en noviembre al referirse al asunto en la prensa local.

Veremos qué pasa. Nuestro gobierno espera detalles de lo que sería el "nuevo" Mercosur. En la cumbre de diciembre se insistió con el "perfeccionamiento del comercio intrazona" (el clásico "más y mejor Mercosur") pero también en la necesidad de abrirnos al mundo con nuevos acuerdos de libre comercio.

Si realmente se abre el Mercosur y recuperamos la plena independencia de nuestra política exterior, lo vamos a tener que aprovechar. Para ello, es de vital importancia analizar el balance de costos y beneficios de una mayor apertura comercial en el marco de los acuerdos comerciales modernos.

Para ello, creo necesario presentar el tema en estos términos dada la enorme dificultad que hemos tenido para alcanzar consensos en este frente. El TLC con Chile —aprobado el año pasado— fue un paso en la dirección correcta, un buen ejercicio para nuestra cancillería que tuvo que negociar capítulos que ya son parte del idioma moderno de la inserción internacional. Sin embargo, no debe ser tomado como un cambio de posición por parte del actual partido de gobierno, porque no lo es. El documento oficial del Frente Amplio sobre inserción internacional deja clara su posición contraria a los TLC.

Entre los potenciales costos que usualmente se asocian a los TLC modernos hay algunos que son discutibles y otros que son difíciles de negar.

Entre los primeros aparece siempre la preocupación de que se desregulen mercados internos que son considerados críticos. Como no se pueden regular los mercados que se desarrollarán en el futuro, el Estado pierde el control de los avances tecnológicos. Sin embargo, hacer lo que sea necesario para asegurar su monopolio no es la única posición admisible para fortalecer a las empresas públicas, ni mucho menos el centro de la "estrategia de desarrollo" del país.

También entre los costos discutibles está la preocupación de la exigencia de trato igualitario a los proveedores externos en las compras públicas. Esto impediría otorgar beneficios a sectores que se pretenda impulsar, como puede ser el ejemplo de las empresas autogestionadas. Este potencial costo sería más bien una ventaja si logra limitar subsidios encubiertos, que son simpáticos pero que al final de cuentas perjudican a la mayoría de los uruguayos.

La lógica proteccionista tradicional también se volvió un costo discutible. Es cierto que hay muchos empleados en los sectores protegidos por las tarifas que impone el Mercosur a las importaciones. Acá también entran las industrias locales que importan insumos en admisión temporaria y generan valor agregado para tener origen Mercosur y poder ingresar a Brasil.

Pero la realidad indica que la gran mayoría de estos puestos de trabajo, tal cual están hoy concebidos, tenderán a desaparecer en el mediano plazo porque con el avance tecnológico ya no va a ser necesaria una persona para cumplir con esa tarea. La gran mayoría de los trabajadores ocupados en los sectores que compiten con productos importados de países atractivos para firmar TLC (Reino Unido, China, Estados Unidos, Japón, Corea del Sur), se encuentran en posiciones con altas posibilidades de ser automatizadas en los próximos años. Con o sin TLC, estos puestos de trabajo están en riesgo. Es un problemón que tenemos que atender y que ya no se soluciona con protección comercial.

Los costos difíciles de negar vienen por el lado de las patentes y el amplio uso de los genéricos —copia del producto patentado— en la industria farmacéutica nacional. Los genéricos representan el 90% del consumo de productos farmacéuticos en Uruguay y su costo es mucho menor al de los originales patentados. Los TLC, en general, tienen estipulaciones en la línea de adherir el país al Tratado de Cooperación de Patentes. La no vigencia a este tratado hace posible usar genéricos en Uruguay. Sin genéricos no solo los 6 mil empleos relativamente sofisticados de la industria tendrían los días contados, sino que el costo de los medicamentos se multiplicaría sustancialmente. Esto último es un asunto sumamente delicado.

Afortunadamente, el tema patentes siempre es negociable en los TLC y un mercado minúsculo como el uruguayo no mueve la aguja de nadie.

Las ganancias de una mayor apertura comercial han sido ampliamente analizadas en la literatura económica. Por más que se le busque la quinta pata al gato: a mayor apertura comercial mayor desarrollo económico. Claro que no es simple, la apertura tiene que venir acompañada de otras políticas públicas correctamente acopladas para desembocar en mejoras en la calidad de vida de la población.

La ganancia de la apertura no solo se produce por mejorar el acceso a mercados, los beneficios se amplifican vía la reducción de tarifas a los bienes intermedios utilizados en el proceso productivo que mejoraría la competitividad de las empresas para disponer de insumos intermedios a menores costos. Por ende, nuevos acuerdos comerciales mejorarían el atractivo para invertir en Uruguay. Tengamos siempre presente que la inversión fue el motor del crecimiento observado desde 2004 en Uruguay pero que está cayendo desde hace 4 años.

El análisis costo beneficio es contundente. Uruguay necesita avanzar hacia una mejor inserción internacional: menos de un tercio de nuestras exportaciones cuentan con el amparo de algún acuerdo comercial. Pero no se debe dejar de atender a los sectores potencialmente perjudicados, eso siempre hay que tenerlo presente.

Más y mejor apertura comercial es lo que deberíamos pedirle hoy todos los uruguayos a los Reyes Magos. Hace años que yo se lo pido. Siempre les dejo el pasto y agua para los camellos, pero, cuando me levanto temprano, voy a buscar en los zapatos y no lo encuentro. Ojalá nuestro hermano mayor del norte les facilite el trabajo y mañana tenga mejor suerte.

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