Ignacio Munyo
Ignacio Munyo

La inmigración suma

¿La inmigración es buena o mala? ¿Favorece al crecimiento o perjudica a los trabajadores? Aunque la historia del Uruguay es un ejemplo de lo positivo de la inmigración, cada ola inmigratoria reaviva esas discusiones, y muchos trabajadores sienten que sufren una “competencia desleal” de extranjeros.

Veamos entonces, más allá de percepciones o temores, qué dice la historia y la evidencia surgida en investigaciones serias.

En el último quinquenio los registros de residencia legal concedida triplican a las del quinquenio anterior. Venezuela y Argentina se destacan como los principales orígenes de los inmigrantes que han recibido la residencia uruguaya, seguidos por Cuba, Brasil, Colombia y Perú. Este fue el tema del último informe de CERES, donde analizamos no solo los datos oficiales, sino que hicimos un relevamiento testimonial de más de mil inmigrantes.

El relevamiento agregó información sobre características personales, razones de la migración y percepciones sobre el Uruguay. Uruguay está recibiendo inmigrantes mayoritariamente jóvenes con formación terciaria, que valoran la mejora en calidad de vida y estabilidad sociopolítica respecto a su país de origen, pero que cuestionan una pesada burocracia que limita sus posibilidades de desarrollo profesional.

En los últimos años los efectos económicos y sociales de la inmigración fueron analizados en profundidad a nivel global, en parte como consecuencia de fenómenos como la votación del Brexit (junio 2016) y el triunfo de Trump (noviembre 2016). Más allá de estos resultados electorales que generaron bibliotecas enteras de análisis y especulaciones, la evidencia internacional muestra que la inmigración tiene un impacto positivo.

Investigadores de la Universidad de Oxford estiman que entre 1990 y 2014, el crecimiento económico de Estados Unidos hubiera sido 15% menor sin el efecto de la inmigración, en el Reino Unido 20% menor y en el resto de Europa entre 20 y 30% menor. Un reciente estudio de la OIT y la OCDE concluye que la contribución de los inmigrantes al PBI en países en desarrollo es cercana al 7%, lo que varía naturalmente en función de la proporción de inmigrantes en el empleo del país.

El Centro para el Desarrollo de la Universidad de Harvard hace años impulsa una línea de investigación que analiza las razones que se encuentran detrás del desarrollo de los países. En esta línea muestran que los países que cuentan con un paquete productivo más sofisticado -aquellos que producen bienes y servicios más complejos o de mayor calidad- son también los países con mayores niveles de desarrollo humano.

En un reciente estudio encontraron relación positiva y significativa entre la sofisticación económica de un país y los flujos de inmigrantes. Esto se aplica a la diversidad de los inmigrantes con alto nivel educativo y a los países con niveles intermedios de sofisticación económica.

El capital humano que llega del exterior es motor clave para acelerar el crecimiento e impulsar la productividad, pero al mismo tiempo genera preocupación en algunos trabajadores; pasa en todos lados. Es responsabilidad de los que diseñan e implementan políticas publicas generar las condiciones para que este efecto negativo sea minimizado.

Los inmigrantes aportan al mercado laboral un conjunto de competencias, que, si se complementan con las locales, dan condiciones para un aumento general de la productividad. Sin embargo, no todas las personas se benefician de forma automática. Siempre hay grupos o regiones particulares que necesiten protección o compensación.

El impacto en el mercado de trabajo es complejo porque depende de cómo las habilidades de los inmigrantes se interrelacionan con las necesidades y las instituciones locales (que se traducen en restricciones). En consecuencia, se deben implementar medidas para facilitar el acceso de los inmigrantes a ocupaciones adecuadas a su capacitación. Esto contribuye a mejorar las perspectivas de los trabajadores locales menos capacitados.

Es relevante agilizar los tiempos de los trámites requeridos para que los inmigrantes puedan obtener los documentos necesarios para trabajar, así como revalidar sus títulos universitarios.

También hay mucho para mejorar en el proceso de obtención de residencia para los que llegan de fuera del Mercosur: por ejemplo, se deberían revisar el control de movimientos migratorios una vez iniciado el largo expediente de residencia legal -a veces demora un año y medio- que desincentiva a inmigrantes de alto poder adquisitivo que desean instalarse a vivir en Uruguay.

A nivel global, también es común la preocupación por el potencial aumento de costos fiscales asociados a la inmigración y el uso de los servicios públicos. La evidencia sugiere que con los años el impacto fiscal neto de la migración es positivo: los inmigrantes pagan más impuestos a su nuevo país de lo que obtienen en beneficios.

Al mismo tiempo, las características demográficas de los inmigrantes tienen impacto positivo sobre los sistemas de seguridad social, y esto es sumamente relevante para países como Uruguay con población relativamente envejecida y baja tasa de natalidad.

La política de apertura a la inmigración de la actual administración honra una profunda tradición histórica de Uruguay, que siempre aplicó aquella máxima de Alberdi: “gobernar es poblar”.

Para cerrar, reproduzco el mensaje que recibí hace unos días atrás: “Quiero agradecerte como inmigrante venezolano, como profesional y sobre todo como persona el hecho de que Ceres se haya tomado el tiempo de investigar la migración. Esto ayuda a derribar mitos tales como: “vienen a quitar empleo a los uruguayos”, “los inmigrantes son ignorantes” y muchas más que se escuchan en el día a día. Cabe destacar que a pesar de que muchos podamos tener un nivel educativo importante y buena experiencia en ciertos rubros, es súper complicado conseguir el empleo “soñado”.

Otra vez más, Uruguay recibe una corriente de inmigración que abre oportunidades, otra vez más como tantas veces en la historia, el país acoge extranjeros que llegan al país a buscar una vida mejor, y que asimismo generan aportes que contribuyen al desarrollo del país. Si las cosas se hacen bien, la inmigración suma. Mucho.

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