Ignacio Munyo
Ignacio Munyo

De la India a Durazno

Amediados de enero tuve el honor de ser invitado a participar en Nueva Delhi del Raisina Dialogue: un gran evento internacional de discusión de temas globales organizado por la Fundación Observer Research y el Ministerio de Relaciones Exteriores de la India.

El tema elegido para la cena inaugural fue automatización y mercado de trabajo. Tenía mucha expectativa de escuchar la visión de Jayant Sinha (Ministro de Aviación Civil de India), de Gabriela Ramos (Jefe de Gabinete de la OCDE y Representante ante el G20) y de empresarios líderes como Yao Zhang (Fundador y CEO de Roboterra). Sin embargo, no escuché nada que no discutamos en nuestro país. Que hay que proteger al trabajo de las personas y no las posiciones laborales. Que los sistemas educativos actuales no están preparando a las personas con las habilidades básicas para lidiar con el avance de la tecnología. Que la adaptación es un proceso en el que la curiosidad y la creatividad juegan un rol fundamental. En definitiva, lo que me quedó claro es que la automatización del trabajo es un enorme desafío aun sin respuestas efectivas a nivel global.

El avance de la tecnología también se analizó desde el punto de vista de su relación con los potenciales conflictos bélicos. Chris Deverell (Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas del Reino Unido) fue contundente en admitir el enorme avance que ya tienen en materia de automatización. Al respecto me gustó el enfoque del tema que hizo el representante del Comité Internacional de la Cruz Roja: es fundamental buscar la forma de asegurar que el uso de las nuevas tecnologías deba seguir los tres principios básicos de los conflictos armados organizados: distinción, proporcionalidad y precaución. Fácil decirlo, nada sencillo que todos lo cumplan.

El desafío de enfrentar el terrorismo estuvo presente en el evento. Ahí destaco a Vyacheslav Nikonov (miembro de la Duma Rusa) quien presentó con gran claridad su posición con 7 pautas básicas: i) solo los Estados funcionales pueden combatir el terrorismo, ii) no hay terrorismo bueno basado en la libertad de los pueblos, iii) una genuina cooperación internacional es necesaria, que va mucho más allá de coordinación e incluye el intercambio de información de inteligencia, iv) se debe identificar de dónde sale el financiamiento del terrorismo, v) las organizaciones regionales juegan un rol fundamental, vi) el terrorismo debe ser eliminado en el origen y no dejarlo avanzar a otros territorios y vii) es clave lidiar con las fuentes originales del terrorismo: ideología y condiciones de vida de la población. Por lo menos a mí, que no sé nada del tema, me sirvió para ordenar el asunto.

Transmisión de datos y cyberseguridad fue otro tema sobre el que se discutió en Nueva Delhi. Ahí, Iddo Moed (Coordinador de Cyberseguridad del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel) insistió en que la clave es velar por mantener la confianza en la transmisión de información. También me pareció muy interesante la reflexión de Kaja Ciglic (Directora de Cyberseguridad de Microsoft) de que el problema es que el sector público y sector privado no se ponen de acuerdo en cómo y a qué velocidad avanzar porque hoy hablan distintos idiomas. Este es un tema que cada día se vuelve más relevante. La innovación basada en datos como motor de desarrollo económico depende en buena medida de avanzar en este asunto.

Lo más interesante en este tipo de eventos suelen ser las charlas fuera de micrófono, las que muchas veces se dan en los pasillos. Así tuve la oportunidad de hablar con Carl Bildt (ex Primer Ministro de Suecia) sobre temas fuera de agenda. Específicamente, le pregunté sobre el desafío de armonizar la apertura económica con el Estado del Bienestar. Le dije que a mi entender ese tema es uno de los grandes temas pendientes que tiene hoy el Uruguay, que después de 15 años de crecimiento ininterrumpido e importantes avances en materia social se le está apagando el motor de la economía. Se quedó pensado unos segundos y me dijo que entendía perfectamente el punto, que tenía muy clara la histórica relevancia de las políticas sociales en Uruguay y que lo que le estaba planteando era un asunto vital. "Sin crecimiento de la productividad que viene con inversión, llega un momento que el Estado del Bienestar no se puede sostener. Y las ganancias de productividad vienen de la mano de la inserción internacional." Tenía muy presente que el Mercosur es una de las regiones más cerradas del mundo.

Con esta charla en la cabeza, aterricé un par de días después en Santa Bernardina, Durazno, para escuchar de primera mano la proclama de los auto convocados. Las palabras del ex Primer Ministro de Suecia no podrían haber sido más oportunas.

El país necesita de forma urgente un cambio creíble en su inserción internacional para inducir una mejora real de productividad y así poder ser competitivos. No alcanza con medidas puntuales para algunos rubros del sector agropecuario, la baja rentabilidad es generalizada. Hoy se está invirtiendo 15% menos que hace tres años atrás. Los proyectos presentados para su promoción son bastante menos y por menores montos. La inversión extranjera directa que llega al país es menos que la de los uruguayos afuera. Y eso que las tasas de interés internacionales siguen estando bajas, lo que facilita enormemente que lo capitales internacionales miren con atención al país.

Cuando escuchaba los discursos en Durazno, también me vinieron a la cabeza las palabras de Benjamin Netanyahu en la conferencia inaugural del evento en la India. Netanyahu felicitó enfáticamente a Narendra Modi por el avance alcanzado en materia de competitividad. Desde que Modi asumió el cargo de Primer Ministro en 2014, la India mejoró radicalmente su competitividad global y ascendió más de 30 posiciones en el ranking que elabora el Foro Económico Mundial. Marcadas mejoras en disciplina macroeconómica, en la eficiencia en los mercados, en educación y en incentivos para la innovación explican el progreso.

Más allá de realidades diferentes, el avance de la India contrasta con el estancamiento de nuestro país en el indicador del Foro Económico Global. Ahí está la base del problema que tenemos: la falta de reformas que impulsen la competitividad y bajen las barreras a la productividad. Mientras no se encare esta agenda pendiente, será difícil que Uruguay vuelva a ser un país atractivo para producir.

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