Ignacio Munyo
Ignacio Munyo

La economía de Brasil

En enero asume Jair Bolsonaro como nuevo presidente de Brasil. El economista liberal Paulo Guedes estará a cargo de la economía.

No la tienen para nada fácil. La agenda de reformas necesaria para reimpulsar el crecimiento es desafiante, por decir lo menos.

Aunque el desempleo sigue siendo alto (12%), la economía crece y se espera para el año que viene un crecimiento que duplica el magro 1,3% proyectado para este año. Sin embargo, una vez cerrado el 2019, la actividad económica recién habrá recuperado la mitad de la caída observada en el bienio 2015-16.

Se habla mucho de los problemas fiscales de Brasil. No es para menos. El déficit fiscal es 7% del PBI, la deuda pública cercana al 80% del PBI y el sistema jubilatorio se lleva porciones cada vez mayores del total del presupuesto nacional.

El nivel de gasto previsional es insostenible. Brasil tiene un 8% de su población mayor de 65 años y gasta un 12% del PBI en jubilaciones, mientras que Colombia tiene una proporción similar de mayores de 65 años y gasta menos de la mitad (4% del PBI). La gravedad del asunto queda de manifiesto cuando se compara con Uruguay, en donde ya está instalada la preocupación por la sostenibilidad del sistema jubilatorio. En Uruguay la población mayor a 65 años duplica a la proporción observada en Brasil pe-ro el peso del gasto en jubilaciones es bastante menor.

Es claro que la situación fiscal es muy delicada en Brasil, y que sin una reforma jubilatoria será imposible que las calificadoras de riesgo le devuelvan el grado inversor. Sin embargo, Brasil no tiene problemas de liquidez. Son escasos los vencimientos de deuda pública en el corto plazo y suficientes las reservas internacionales, que duplican a las de Argentina en términos de PBI. El sistema bancario se encuentra con bajos niveles de morosidad, alta liquidez y elevada capitalización. A su vez, la inflación está bajo control, justo en el centro del objetivo del Banco Central (4,5%).

La estabilidad financiera es muy valiosa ante las expectativas de mayores tasas de interés global. Esto no significa que Brasil no sufra los cambios financieros internacionales, por más grande que sea. Un inversor que analiza jugársela por Brasil sabe muy bien que, sin despeinarse, ya puede obtener retornos atractivos comprando bonos del tesoro de Estados Unidos. Este año se ha vuelto bastante más difícil atraer inversión a las economías emergentes, más allá de si son inversores extranjeros o locales.

Sin un rebrote significativo de la inversión no será posible recuperar vigorosidad de la economía brasileña. Para ello la clave es mejorar la productividad, que es bajísima en Brasil. Una persona que trabaja en Brasil produce hoy apenas el 20% de lo que obtendría si trabajara en un país avanzado. (Llegó a ser 23% en el pico de 2010 y 28% en su máximo histórico de 1980).

Para cambiar este panorama y poder aspirar a mejorar la calidad de vida de su población, Brasil tiene que lograr reducir las enormes barreras que le impiden mejorar la productividad.

Regularmente el Banco Mundial y el Foro Económico Global presentan una serie de indicadores globales de competitividad, que se computan y actualizan anualmente para todos los países del mundo. Con estos datos se pueden definir barreras a la productividad —comparables internacionalmente— con niveles que van de 1 a 100, donde 100 es el valor máximo observado en el mundo.

Además del nivel actual de las barreras a la productividad en Brasil, vale la pena mirar también su evolución de los últimos cinco años. Desde 2013 los economistas insistimos con que las tasas de interés van a subir y que van a empeorar las condiciones financieras internacionales. Pero los hechos nos han dado la espalda: las economías emergentes tuvieron casi cinco años de gracia hasta el primer trimestre de este año, momento a partir del cual el viento finalmente empieza a cambiar. Por lo tanto, al mirar la evolución de las barreras desde 2013 podremos analizar si Brasil fue capaz de aprovechar las condiciones financieras externas favorables para reducir las barreras que el impiden ser más productivo.

Los datos muestran que la calidad de los factores necesarios para producir en Brasil se ha deteriorado marcadamente desde 2013. La única barrera que era relativamente baja, la relacionada con infraestructura tecnológica, ha subido significativamente de 39 en 2013 a 48 en 2018. Algo similar sucedió con la barrera que impone la deteriorada infraestructura física, aunque ya era más elevada, pasó de 50 a 59. Por su parte, la barrera que limita el potencial del factor humano subió dramáticamente de 51 a 68.

Las barreras al comercio exterior son también extremadamente restrictivas y también aumentaron de 87 a 89 en los últimos cinco años. Más que bienvenida para el Uruguay la posibilidad de que se elimine el arancel externo común del Mercosur, para que cada miembro pueda tener una agenda propia de apertura comercial. Brasil lo necesita de forma urgente. Por lo tanto, la esperanza de que suceda está presente.

La barrera que impone el peso del Estado sobre la economía sigue siendo en Brasil de las más elevadas del mundo —pasó de 93 en 2013 a 95 en 2018. La mochila que carga el sector productivo formal es insostenible.

También sigue siendo elevadísima la barrera asociada con la regulación laboral —pasó de 93 en 2013 a 97 en 2018. La reforma de Temer no fue percibida como una mejora por los que toman las decisiones de contratar trabajadores en Brasil.

Cuando se apaguen los fuegos artificiales electorales, el nuevo gobierno tendrá que asumir esta agenda pendiente de reducción de barreras para poder soñar con una senda de desarrollo económico autosostenido y sustentable.

No es imposible. En el año 1980 Corea del Sur tenía un nivel de productividad de 23%, muy similar al actual de Brasil. Hoy la productividad en Corea del Sur es de 77% y todas las barreras mencionadas son sustancialmente menores. Se puede, por más difícil que resulte imaginarlo.

Obviamente que estas barreras no se bajan de un día para el otro. Hay muchos intereses creados. Sin embargo, si de la mano de Paulo Guedes, Brasil logra presentar una agenda de reformas que sea consistente y creíble, seguramente habrá muchos inversores dispuestos a poner en marcha la economía. Y si la agenda es sostenible aparecerán más y más. Si así fuera, sin duda que también sería muy bueno para nuestro país.

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