Ignacio Munyo
Ignacio Munyo

Competencia y libertad

Hace 20 años se aprobaban en Uruguay las primeras normas en materia de Defensa de la Competencia. El pasado 12 de abril entró finalmente en vigencia la última de las modificaciones a la ley principal que data de 2007.

Estamos en un tema que parece complejo, pero no lo es; un asunto que parece lejano, pero que tampoco lo es. Así surge esta columna de una charla con Juan Manuel Mercant, con quien hemos trabajado en varios casos de Defensa de la Competencia.

“Hay que dejar bien claro que nuestra Constitución defiende la libertad en sus distintas formas, la de comercio incluida”, me decía Juan Manuel al arrancar la charla. “Las normas de defensa de la competencia tienen ese presupuesto como fundamento de su existencia. Es decir, se asume que la libertad de empresa o de comercio, limitada por normas que regulen la competencia, producirá mejores resultados que cualquiera de las otras opciones”. Es claro, si hay una justa competencia -lo que muchas veces hay que incentivar porque no se produce de forma espontánea- los consumidores van a tener más acceso a mejores productos y a menor precio. Es un proceso dinámico que se retroalimenta de forma permanente.

El foco siempre es el individuo. Es como insistía Juan Manuel: “El bienestar de los consumidores actuales y futuros es el objetivo único de nuestro régimen legal incorporado en el art. 1 de nuestra ley de 2007. No es un objetivo proteger intereses particulares o sectoriales, sino al consumidor, tanto al actual como al futuro”.

La complejidad de regular la competencia es enorme y cada caso debe ser analizado muy bien, porque siempre hay campo fértil para la arbitrariedad. Parafraseando a Tolstoi en su reflexión sobre familias felices e infelices: en los mercados en los que funciona la competencia es siempre por las mismas razones, pero en los que no funciona es siempre por razones diferentes…

En esa línea decía Juan Manuel: “Hemos visto que quienes no confían en el libre mercado usan las normas de defensa de la competencia para regular, dirigir e intervenir”. Y sí, es común escuchar que un determinado mercado debería funcionar de tal manera sin tener presente que la respuesta está en el consumidor.

La charla se fue hasta el origen de la legislación sobre Defensa de la Competencia: Estados Unidos. “Marshall, el célebre juez de la Suprema Corte, sostenía que las normas de Antitrust en general -Sherman Act en particular- eran la Carta Magna del libre comercio, que eran tan importantes para la libertad económica como lo era el Bill of Rights para la protección de las libertades individuales fundamentales”, recordaba Juan Manuel al respecto. Con mayor o menor intensidad esto fue siempre algo compartido por la opinión pública y es mucho más importante de lo que se cree.

La charla llegó hasta la pregunta crítica de cuán aceptadas están estas ideas en nuestro país, más allá de lo establecido en las leyes. Es claro que la desconfianza en el mercado tiene raíces históricas y son muy profundas en Uruguay. Lo que no es claro es por qué su defensa se ha vuelto cada vez más débil.

Hay mucho para reflexionar al respecto. La charla va a tener que seguir. Y como disparador sugiero arrancar con aquella frase de Friedman que decía que la mayoría de los argumentos contra el libre mercado se basan en la falta de confianza en la libertad misma…

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