Ignacio Munyo
Ignacio Munyo

Cambió el viento

El panorama económico global es muy diferente al de comienzos del año pasado. La guerra comercial entre EE.UU. y China marcó un punto de inflexión. Hace un año, la prensa financiera internacional hablaba de boom, hoy se lee cada vez más la palabra recesión.

Este cambio de viento es muy relevante. Hace años que desarrollamos y monitoreamos en tiempo real modelos de proyección de la actividad económica de Uruguay en los que dos terceras partes de las fluctuaciones son explicadas por factores externos. Tanto para bien como para mal, en el corto plazo no podemos zafar de lo que pasa afuera. La historia es otra para plazos mayores donde son clave las reformas que mejoren nuestra competitividad.

El desempeño actual de la economía de EE.UU. está bajo cuestión. Gracias a las tensiones generadas por la guerra comercial con China, hacia fines del año pasado se terminó la fiesta. Si bien la actividad económica y los salarios crecen y el desempleo sigue en mínimos históricos, las expectativas se están deteriorando marcadamente. No solo los indicadores de la confianza de los consumidores y de los empresarios pegaron la vuelta y miran para abajo, sino que analistas internacionales hablan de recesión. La inflación se desacelera. La Reserva Federal deja saber su preocupación por el menor optimismo en los negocios y anuncia que va a escuchar con extrema atención a los mercados y ser muy paciente con la suba de tasas. Luego de la reunión de esta semana, los mercados hablan de un "giro en U" por parte de la Reserva Federal y asignan muy bajas probabilidades a nuevas subas de tasas de interés. Finalmente, se ve un cambio de tendencia en las tasas de los bonos del Tesoro a 10 años— la tasa de interés global—, que luego de cortar el 3% el año pasado, ahora baja y araña el 2,5%.

En Europa el enfriamiento es generalizado. Ya no es un tema específico de algún país puntual. Las expectativas empresariales en la industria manufacturera llegaron a su mínimo en cinco años. Los indicadores de confianza del consumidor también se contraen.

En China también está fresco. Las ventas minoristas crecen mucho menos que antes. Caen las ventas de celulares y, por primera vez en 28 años, las ventas de autos. Cae el precio de los inmuebles, lo que pega duro en la confianza de los consumidores cuando sus ingresos crecen cada vez menos. Si los chinos se aprietan el cinturón, naturalmente se resiente la economía china pero también las compañías globales sienten un fuerte sacudón en sus ventas. Ante este panorama, el gobierno chino toma medidas: acelera el gasto en infraestructura, reduce el impuesto a la renta y busca impulsar el crédito (asumiendo el riesgo de aumentar los ya elevados niveles de deuda). A pesar de ello —y de las declaraciones del gobierno chino—, no se percibe una recuperación de la actividad económica en el corto plazo.

La guerra comercial entre EE.UU. y China se fue de mambo: pegó duro en las expectativas globales, tanto de consumo como de inversión. La inversión de China en Europa y América cayó 70% el año pasado. Hay una fuerte expectativa de deterioro en los márgenes de ganancia de las empresas globales, con un pesimismo que no se observaba desde mediados de 2008 —previo a la crisis financiera en EE.UU. Todos los indicadores de avance de la industria manufacturera se encuentran sincronizadamente estancados, tanto en las economías avanzadas como en China. El FMI acaba de reducir sus proyecciones de crecimiento global e insinúa que se puede haber quedado corto.

Intensas negociaciones entre Washington y Beijing tratan de buscarle la vuelta para desatar el nudo antes de marzo, fecha límite en donde se gatillan nuevas subas de tarifas por parte de Estados Unidos. Hay esperanza de que se llegue a un acuerdo. A esta altura es esperable que Trump declare una victoria imaginaria y ponga freno a la guerra comercial. Sin embargo, hay que tener claro que las relaciones entre Estados Unidos y China se han tensado de tal forma que aspectos económicos intangibles y asuntos de seguridad nacional seguirán latentes, con consecuencias imposibles de predecir.

Paradójicamente, el enfriamiento del crecimiento global podría ser una buena noticia para nosotros. Esta paradoja se vio con claridad el año pasado, cuando la economía global volaba, pero la expectativa de suba de las tasas de interés frenó la inversión en las economías emergentes. En promedio, las bolsas de las economías emergentes cayeron casi 20% en 2018.

Una pausa en la suba de la tasa de interés es una ventana de oportunidad para las economías emergentes. Es un respirador para que Argentina salga del CTI. Es también el impulso inicial que necesita el nuevo gobierno de Brasil para poder despegar. Afecta positivamente el precio internacional de los alimentos que son commodities cuyo precio tiende a moverse de forma inversa a las tasas de interés. Si baja la expectativa de suba de la tasa de interés global los fondos de inversión buscan mejores alternativas en commodities lo que presiona su precio al alza.

Si bien tendremos un menor crecimiento de la demanda externa por el enfriamiento económico global, este efecto podría ser más que compensado por el cambio de expectativas sobre las tasas de interés y capitales globales que miran de nuevo con cariño a las economías emergentes. En algunas se invertirá en inversión productiva y en otras en títulos públicos generando presiones a la baja en el tipo de cambio. Lamentablemente creo que Uruguay está en el segundo grupo. La situación actual de baja competitividad —que ha comprimido la rentabilidad de la inversión productiva— y la incertidumbre electoral hacen del país un destino poco atractivo para producir.

Con el cambio de viento habrá aire para seguir financiando consumo a tasas bajas y con eso mover algo la economía, pero difícilmente llegue nueva inversión productiva, que se irá a otras economías emergentes más competitivas. Sin una agenda de reformas en apertura comercial, capital humano, y regulación no hay esperanza de mejora de competitividad. En momentos en los que se necesita un rebrote de la inversión productiva tanto como el agua, realmente duele dejar pasar esta ventana de oportunidad.

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