Ignacio Munyo
Ignacio Munyo

Apuntes de Manchester

La última semana de agosto tuve el privilegio de participar del Congreso Anual de la Asociación de Economistas de Europa en Manchester. Con tantas y tan buenas conferencias resumidas en mis apuntes, me resultó difícil elegir qué incluir y qué dejar afuera de esta columna.

Para definir, me quedé con aquellos resultados que considero que son los más relevantes de acuerdo con la situación actual de Uruguay.

Voy a empezar con algo que estamos sufriendo en carne propia como es la incesante caída del empleo. En Manchester, se presentó un modelo teórico que logra explicar y racionalizar el proceso de automatización observado a nivel global, con mayor o menor intensidad, en todos los sectores productivos.

Lamentablemente, los problemas de empleo para las personas con menor formación llegaron para quedarse. Aunque no todas fueron malas noticias en el panel sobre automatización. Otro estudio enfatizó la relevancia de la tecnología para generar mayor intercambio comercial entre países avanzados y en desarrollo, y con ello puestos de trabajo. Las nuevas tecnologías reducen costos de coordinación asociados al comercio exterior.

La delicada coyuntura fiscal de Uruguay me obliga a comentar una sesión en la que se discutieron los riesgos de sostenibilidad de la deuda pública en un contexto de bajas tasas de interés. Las idas y vueltas de la guerra comercial entre EE.UU. y China prolongaron inesperadamente un período de tasas de interés históricamente bajas a nivel global.

A pesar de ello, en Uruguay la trayectoria de la deuda pública es insostenible. Si no se recupera el crecimiento económico y se frena aún más el crecimiento del gasto público, en pocos años la deuda se acercará al 100% del PBI. Algo hay que hacer. Desde 2015 se desaceleró marcadamente el crecimiento del gasto cortando la inversión pública, se aumentaron impuestos y tarifas, pero el déficit fiscal subió de 3,5% a casi 5%, y la deuda de 60% a casi 70% del PBI.

Justamente, uno de los estudios presentados en Manchester mostraba -con un modelo calibrado- que para frenar el crecimiento de la deuda es más efectivo cortar gasto corriente que inversión pública o que subir impuestos. El mismo resultado se sostiene con contundencia en el libro “Austeridad”, recientemente publicado por Princeton University Press. Tras analizar datos de cientos de casos de políticas fiscales adoptadas por 16 países diferentes desde 1970, el libro concluye que, cuando la situación fiscal es delicada, es mucho menos dañino recortar gastos que aumentar impuestos.

La evidencia sugiere que la próxima administración deberá hacer un esfuerzo mayor al realizado por la actual para frenar el gasto corriente, sin perder de vista que sin crecimiento económico no hay ajuste de gasto que sea suficiente.

Un panel sumamente interesante fue el organizado por la IFS Deaton Review (Instituto de Estudios Fiscales, en sus siglas en inglés) un centro de investigación líder en el Reino Unido. IFS convocó a un comité interdisciplinario de expertos en economía, sociología, filosofía, ciencias políticas y epidemiología, encabezado por el Premio Nobel Angus Deaton. El compromiso asumido implica sugerir líneas de acción basadas en la evidencia, para mitigar las diferentes formas de desigualdad presentes en el siglo XXI. ¿Cómo se generan y se relacionan las desigualdades de riqueza, de ingreso, de bienestar, o de acceso a derechos en general? ¿Cuál es la combinación de políticas públicas más adecuada para reducirlas?

Orazio Attanasio (director de Investigaciones del IFS) analizó las causas de las desigualdades. Ahí la transmisión intergeneracional de capacidades es crítica. Se sabe que las habilidades cognitivas y socioemocionales desarrolladas en la primera infancia son las que determinan las perspectivas futuras en el mercado de trabajo y que se pueden mejorar sustancialmente a través de la educación. La receta es conocida y los resultados se obtienen en donde se aplica. El gran desafío es cómo extender a gran escala las microexperiencias exitosas.

Sir Richard Blundell (University College London) se concentró en las perspectivas de las desigualdades con la mira en los trabajadores de bajo nivel educativo. La evidencia muestra que la desigualdad empeora porque las personas con menor formación no logran trabajar la cantidad de horas que quisieran porque la automatización está ocupando sus tareas. El asunto es cómo generar incentivos para mejorar las oportunidades de los más rezagados, pero aún no hay una respuesta clara.

Más allá de posiciones individuales, a nivel general existe un ideal de justicia subyacente, que es heredado y compartido por diversas culturas. Sir Tim Besley (London School of Economics) presentó datos globales sobre preferencias por redistribución. Los miembros de comunidades menos desiguales son los que tienen preferencias más fuertes por la redistribución pero, al mismo tiempo, las personas más educadas son menos favorables a ella.

En este sentido, dependiendo de la preferencia por redistribución, se podría, en teoría, determinar la combinación de impuestos que logren mayor equidad. Pero, la evidencia indica que a mayor progresividad tributaria, menor será la inversión individual en educación. Lo que genera la necesidad de políticas extras enfocadas en educación. Acá no se puede hacer carambola.

Cierro con la brillante conferencia de Raj Chetty (Harvard), que analizó movilidad social intergeneracional con base en un gran despliegue de Big Data. Los datos muestran una enorme influencia del barrio en el que viven las personas sobre la movilidad social, con todo lo que el barrio significa: acceso a educación, relaciones interpersonales y aspiraciones potenciales. Políticas enfocadas a reducir la segregación -para facilitar que las personas se puedan mover con mayor facilidad- e inversiones locales en las zonas críticas, deberían ser prioritarias.

Si serán relevantes las discusiones de Manchester para Uruguay cuando no hay mejoras en la distribución del ingreso desde 2013 y la movilidad social está frenada. ¡Si habrá cosas para hacer! Si habrá que ser ingeniosos para hacerlas sin nuevos recursos, dada la delicada situación fiscal ¡Si será entonces relevante tomar decisiones basadas en la investigación y no en prejuicios! Enorme desafío para la próxima administración.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)