Ignacio De Posadas
Ignacio De Posadas

El tamaño del balde

La entrevista de El País al dirigente de Fenapes, Olivera que se publicó el miércoles 15, no tiene desperdicio.

La entrevista de El País al dirigente de Fenapes, Olivera que se publicó el miércoles 15, no tiene desperdicio.

Más allá de pequeños dislates, como justificar el anuncio de un paro en que: “estamos a mediados de abril…” y el gobierno no ha hecho nada (asumió hace mes y medio), el meollo de la deformación cultural que afecta al sindicalista (y, presumiblemente a sus electores y seguidores) aparece cuando el periodista lo lleva al terreno de la educación privada. Ahí, sus ideas son alucinantes.

- “La dificultad de fondo son las políticas educativas en general”, porque se está “levantando la idea de la privatización encubierta”, con “empresas multinacionales atrás de esto”. “Hay quienes dentro del gobierno quieren… privatizar la educación… Tabaré Vázquez”.

- “Paramos… por instituciones como el Jubilar que seleccionan a los estudiantes”

- Lo que plantea Richard Read (otro liceo privado) es “un contrasentido ideológico” y “muy reduccionista” (¿qué querrá decir esto?). Si le pregunta al Presidente y a su gabinete dónde mandaron a estudiar a sus hijos, se va a encontrar con un lote de reduccionistas.

- No se deben aplicar recursos públicos a la educación privada y, aparentemente, si es católica, peor: “Hay subvenciones a la educación católica y eso no está bien”. Si con recursos públicos, “…voy a financiar la educación privada tenemos un gran lío”.

Con estos botones basta.

1. Tengo gran curiosidad por saber quiénes son los conspiradores en el gobierno que, de la mano de multinacionales, están maquinando la privatización encubierta de nuestra enseñanza estatal.

2. ¿En qué cabeza cabe censurar que haya selección en la educación y, encima, justificar en ello un paro?

¿Qué tiene de malo seleccionar? Todos seleccionan. ¿O acaso las escuelas y liceos públicos reciben a todos y cualesquiera que pida para estudiar? Seleccionar es inevitable. Además, si está mal que una institución acote el número de sus educandos seleccionando, también estaría mal que los padres elijan a dónde quieren mandar a sus hijos. Pero lo peor -siguiendo el criterio Olivera- es que los docentes elijan.

Está mal que el Jubilar resuelva cómo llenará sus plazas limitadas pero está bien que los docentes elijan no enseñar en el barrio donde está el Jubilar (Providencia e Impulso) y en todos los otros de similares condiciones! El balde da para cubrir no sólo la irracionalidad sino también la hipocresía.

3. Más grave es el juicio acerca de la educación católica. Tal parece que constituiría una especie particularmente maligna dentro del género indeseable de la educación privada. Quizás el Sr. Olivera, siguiendo su lógica, quiera proponer que se deba excluir de la educación estatal a los alumnos que profesen el catolicismo.

4. Otro tanto ocurre con el fárrago de la confusión ideológica y cultural sobre lo público y lo privado (en este caso referido a la educación):

La educación pública sería un derecho, mientras que la privada constituye un privilegio. Por algún inexplicable razonamiento, una sociedad se beneficiaría con miembros que hubieran sido educados por el estado, pero se perjudicaría con los egresados de escuelas o liceos privados.

Iguales aberraciones mentales sustentan el dogma de que no se debe usar dineros públicos para financiar educación privada. ¿Nunca pensaron: 1º) Que el origen de todos los recursos del estado es privado? Los dineros públicos vienen de los privados. Y 2º) Que el destino de todos los recursos públicos es también privado. Va a miembros de la sociedad que, al menos por ahora, no han pretendido transformar en agentes estatales al nacer. Todo empieza y termina en lo “privado” y así debe ser porque, más allá de que el balde no se los deja ver, el sentido de lo público está en servir a lo privado, a la sociedad, a cada uno de nosotros. Y no al revés, como tienen metido en la cabeza (abajo del balde).

Digámoslo de una vez: en nuestro país, durante décadas, la educación -toda- alcanzó y mantuvo niveles de enseñanza excepcionales. Con sueldos iguales o peores que los actuales y con medios materiales probablemente más escasos y rudimentarios. Eso cambió. ¿Es culpa de la educación privada?

¿No será que buena parte de la explicación está debajo del balde? En el control corporativo de la educación pública con una ideología estatista, en la que la vocación y el foco en el educando han cedido al juego de poder y a la paranoia de la lucha de clases?

Las declaraciones del Sr. Olivera, que es maestro o profesor, son la prueba del nueve de que soñar con una reforma del sistema público estatal es una quimera. El Presidente demostró que lo tenía claro cuando implementó el Plan Ceibal por fuera de las estructuras y jerarquías. Es precisamente por eso que las experiencias privadas concitan cada vez más atención. Máxime cuando, además, son menos costosas para los contribuyentes (privados) que el sistema estatal.

¿Se sacarán el balde algún día?

Difícil que el chancho chifle.

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