Ignacio De Posadas
Ignacio De Posadas

¿Revuelta o revolución?

Cuenta la historia que Carlos I de Inglaterra, a quien sus súbditos terminaron por decapitar, mirando desde lo alto de su castillo unos violentos disturbios, comentó con flema inglesa: "¿Otra revuelta?" A lo que, con igual estilo, contestó su mayordomo: "No Sire, esta es una revolución".

Lo que en estos días está protagonizando el sector agropecuario es un fenómeno fuerte, con potencial para detonar cambios de fondo. Pero es también un fenómeno de difícil equilibrio y aterrizaje. No parece que vaya a caer en cooptaciones políticas, pero puede desflecarse en personalismos o embrollar sus planteos. Todas eventualidades que el gobierno y su partido pastorearán muy de cerca.

Es a los planteos que quiero referirme.

El reclamo de fondo tiene fundamentos sólidos. Va al carozo de nuestro problema: el Uruguay, como país, vive más allá de sus posibilidades económicas.

La izquierda, muy creativa en materia de relatos, se ha convencido y ha persuadido a muchos, de que la igualdad material es el súm-mum de toda sociedad y que a ella se llega con el tridente de: imponer + planificar + distribuir. Todo eso en un mundo donde lo privado es sospechoso y lo estatal virtuoso.

Además, esa izquierda cree, (o dice que cree), que el Uruguay es un país de ricos, que esconden la guita y no pagan al Estado lo que pueden y deben.

El aldabonazo del agro les está demostrando que todo eso es una fábula, que la cosa no da para más, que el Estado no es la herramienta virtuosa del progre-so y la distribución, sino un bicho con vida propia que, en manos de ignorantes ideologizados y voluntaristas puede hacer enorme daño, como lo probó estruendosamente el pufo épico de Ancap.

Es muy llamativa (y esperanzadora), la espontaneidad con que el agro entiende y manifiesta esto y ahí estará la horqueta del camino que se les abre por delante: si el movimiento no desplaza su foco del fondo del problema, si concentra sus exigencias en los males básicos que aquejan a la sociedad, si no se deja enredar o distraer en un chimichurri de reclamos relativamente menores o de cumplimiento imposible, habrá iniciado una verdadera revolución.

Tarifas, viáticos, gastos de publicidad… son temas ciertos, pero menores y la fijación de un dólar alto no es viable. Sin descuidar lo inmediato hay que atacar lo que nos hace vivir fuera de nuestras posibilidades (o sea, morir de a poquitos). Cuenta que, además, no todos pagan, al menos no por igual.

¿Difícil? Sí. Entre otras cosas porque son muchos los que viven prendidos del gasto estatal y muy hábiles los discursos en su defensa, (ya se vio: el Frente Amplio rápidamente les tiró con el "gasto social" y consiguió una primera reculada en la proclama).

No será posible cambiar todo de un zoco: hay profundas raíces culturales en el gasto estatal. Pero sí es posible hacer mucho si no se dejan engatusar con una mera revuelta o, peor aún, con tener "una profunda discusión" sobre una reforma total del estado uruguayo, (o un grupo de trabajo que arranque desde el diagnóstico).

La oportunidad está para plantear cosas concretas sobre el Estado y las hay, en cantidad: compromisos políticos expresos (ya; de todos), de reducciones porcentuales concretas de gastos en el próximo Presupuesto, Rendiciones Gasto Cero, leyes interpretativas de la Constitución que impidan al Legislativo aumentar el gasto y obliguen a votar impuestos para gastos nuevos (ni tarifas "tributarias", ni déficits), regla fiscal por ley, reducción del endeudamiento, no reponer vacantes (incluso las intendencias), permitir negociaciones salariales a nivel de empresas, apertura comercial... y muchas cosas más.

En suma: hagan una revolución. No se queden en otra revuelta. Abrieron una oportunidad, no la dejen perder. Embarquen a la oposición, a las demás gremiales, a la sociedad civil y a los sectores realistas del Frente. Pero, por sobre todo, no suelten el tema de fondo y no se dejen dividir.

El Uruguay precisa una revolución cultural. Los partidos no muestran tener, o la convicción o el coraje para encararla.

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