Ignacio De Posadas
Ignacio De Posadas

Raro, muy raro

Algo muy raro está pasando. Por un lado, una impresionantes sucesión de casos de corrupción a nivel sindical: en la construcción de viviendas, en servicios prestados a instituciones de salud (y no solo ASSE), etc.

Algo muy raro está pasando. Por un lado, una impresionantes sucesión de casos de corrupción a nivel sindical: en la construcción de viviendas, en servicios prestados a instituciones de salud (y no solo ASSE), etc.

Al mismo tiempo, una no menos impactante seguidilla de sucesos iguales o peores a nivel de gobierno, donde se destaca el caso Pluna, pero no por su excepcionalidad sino apenas por la dimensión.
Esto no es bueno, por el contrario, escandaliza y alarma. Tampoco debe ser motivo de regocijo.

¿Cómo fue que pasó todo esto? Y ¿pasó?, ¿o es apenas un síntoma?
Tanto el Frente Amplio como el PIT (rama sindical del partido) siempre se habían vanagloriado de su pureza, más aún, la resaltaban oponiéndola a la criticable moral de los partidos tradicionales y los empresarios. Parece ayer. ¡Qué rápido se contaminaron! No aguantaron ni diez años de poder.
Porque es precisamente eso lo que los corrompió: el poder. Primero envanece, después los hace soberbios y por último, corrompe. Los gringos añaden: el poder absoluto corrompe absolutamente.

En el fondo, el fenómeno se explica por la naturaleza humana (de ahí que no debe jamás perderse la humildad) y en el caso de estos actores del poder – político y corporativo – tienen flancos débiles que facilitan esas fallas humanas, empezando por los reflejos antidemocráticos de muchos de sus integrantes. Reflejos nacidos en un desprecio por los seres humanos que no comulgan con su credo. Por “Doña Tota”, en una palabra.

En declaraciones recientes a Búsqueda (31/7) el veterano dirigente sindical Richard Read le echa las culpas a que todo el país está enfermo (“Hay una sociedad enferma” – de la cual el movimiento sindical es parte – “donde se rompieron los códigos de convIvencia… y no hay condena social. Se perdió la vergüenza, por lo tanto se perdieron los valores”. ).
Más allá de que suena un poco a aquello de: mal de muchos….., el juicio deja mucha cosa sin explicar:

- ¿se enfermó tan de golpe que hasta ahora no habían notado nada?
- ¿cómo es que se enfermó y tan agudamente, justo bajo gobiernos de izquierda?

- ¿qué fue lo que la enfermó?

- ¿por qué esa enfermedad se da particularmente en un partido y en el movimiento sindical y para ambos, en su ejercicio del poder dentro de esferas estatales y no en otros sectores de la sociedad y otros ámbitos?
Lo que está pasando es muy alarmante. No deben sacudirse el problema de encima como para correrlo a un rincón, sin buscar las causas.
Y lo mismo debe decirse en cuanto a las soluciones.

¿Qué proponen para remediar estos males? Siempre han sido muy frondosos y muy tajantes con sus propuestas de solución. ¿Ahora no las tienen?

Yo coincido con el Sr. Read en que nuestra sociedad padece una crisis de valores muy profunda. Añado y quizás también estemos de acuerdo, que esa crisis tiene sus raíces en la cultura batllista del llamado Segundo Batllismo, con su laicismo decimonómico, que vació de contenidos, ya no sólo teológicos y espirituales, sino aún filosóficos, a la sociedad uruguaya, que para mediados del siglo pasado fue toda ella más o menos batllista.

Avanzo otro paso más y ahora probablemente despegándome del pensamiento del Sr. Read, para afirmar que ese batllismo, muy lejano a Batlle y Ordoñez (y a Jorge Batlle), fue cooptado por una izquierda vernácula que, a su vez, había largado al marxismo- leninismo, para quedarse con vagos principios Rousseaunianos y del socialismo egalitario, llamado utópico por Karl.

Alcanzado el poder (mucho poder, con mayorías absolutas) esa izquierda abrazó la tesis Rousseauniana (y Jacobina) de la voluntad general, imponible por una minoría iluminada en pos de utopías igualitarias.
Y doy el último paso de este razonamiento, (¿coincidirá conmigo el Sr. Read?), en que esa enfermedad percibida por el veterano sindicalista se profundiza y perpetúa en buena medida por nuestro sistema educativo estatal, que de Varela no le queda casi nada.

Estamos en plena campaña, a pocas semanas de las elecciones.
¿Qué propone la izquierda (incluyendo el brazo sindical de sus encarnaciones políticas)?

¿Cómo encarar esa enfermedad que ha contagiado de corrupción a ambos pilares de la izquierda, en detrimento de toda nuestra sociedad?
¿Votando a los mismos, sea para los cargos políticos como para los sindicales?

¿Defendiendo el corporativismo injertado en el funcionamiento del Estado?

¿Y el copamiento de la Democracia por mayorías parlamentarias y minorías sindicales?

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