Ignacio De Posadas
Ignacio De Posadas

¿Queda en revuelta, nomás?

En mi anterior, comentando el fenómeno de la erupción "autoconvocada", señalaba su gran potencial transformador, al intuir que el estado uruguayo no se soporta más, pero también el riesgo de que se agotara en una mera revuelta, contenida por el gobierno.

Todo parece indicar que eso es lo que va a ocurrir.

Para que el chispazo inflamara ánimos e imaginaciones, se necesitan dos cosas: objetivos relevantes y claros y canales formales y efectivos de organización y acción.

La espontaneidad de la reacción fue su gran virtud y atractivo, pero para que dé frutos concretos y duraderos no puede quedarse ahí.

Fácil es juzgar sentado en la tribuna (o frente al televisor) y, además, nadie soy yo para dictar sentencias, pero me desespera ver algo valioso escurrirse como el agua sobre la arena. Por lo que me animo a criticar. En una buena. Porque todavía se está a tiempo para rescatar la "revolución".

El camino no será el de más reuniones con el gobierno. Habrá que hacerlas, pero esperar resultados conmensurables de ahí es una quimera. El gobierno no quiere cambiar. Su meta es contener y continuar. Reuniones, grupos de trabajo, mesas de diálogo… a lo sumo parirán algunos ratones.

Entonces, qué?

Entonces hay que acudir a los carriles formales por los que funciona una democracia. Al inicio pudo parecer que eso no era necesario, pero ya no.

Significa eso tener que entregarle las banderas a los políticos, en quienes -es evidente- no se cree? No

Nadie habla de entregar nada. Tampoco de taparse los ojos a las carencias del sistema político. Lo que -a mi juicio-debe hacerse es decantar los planteos de fondo en demandas de transformaciones, (no en pedidos imposibles: tipo de cambio; o adjetivos: gastos de publicidad, viáticos…etc), y llevar esos planteos como reclamos concretos a todos los partidos políticos:

-Aprobar por ley una regla fiscal;

-Compromiso formal de todos los partidos de que:

-la próxima Rendición sea "gasto cero"

-el próximo Presupuesto quinquenal será inferior al actual en egresos reales (p. ej. en un 10%)

-Ley interpretativa de la Constitución limitando las atribuciones del P. Legislativo en presupuestos y rendiciones a la redistribución de rubros, no pudiendo aumentar el total de egresos.

-Idem disponiendo que todo gasto debe tener una financiación genuina constituida por una fuente tributaria, no siendo aceptable el recurso (trucho) de cargar gastos "a Rentas Generales".

-Compromiso de no aumentar el endeudamiento público bruto como porcentaje del producto

-Ley prohibiendo el llenado de vacantes en el P. Ejecutivo, P. Legislativo e intendencias, por 5 años, con la única excepción de cargos que requieran título habilitante y en esos casos con dictamen favorable del Tribunal de Cuentas.

-Ley obligando a los anteriores a reducir anualmente y por 5 años un 5% de sus plantillas de funcionarios, (medido en porcentaje de sus rubros Cero).

-Congelamiento por 2 años de los salarios públicos de todas las dependencias del Estado superiores a (p. ej.) 4 salarios mínimos.

-Pasar los entes autónomos del dominio comercial e industrial del Estado al derecho privado, (hay proyectos de ley redactados).

-Permitir las negociaciones salariales privadas por empresa cuando sea solicitado.

No es que en los partidos vayan a encontrar héroes o santos, pero es ahí que están los resortes de poder en una democracia y en ellos hay quienes, sea por virtud, sea por cálculo, tienen mejor disposición para pelear por cambios de fondo.

No se entrega nada. Sí puede haber una relativa pérdida de protagonismo, pero en aras de llevar adelante lo que cuenta. Es más, nadie del sistema político debe soñar con la posibilidad de apropiarse de este fenómeno, porque si algún día llegara a tener una identificación partidaria, ese día habrá muerto.

Al mismo tiempo, repetir el ejercicio con las grandes gremiales, (no sólo agropecuarias), buscando embarcarlas en le empresa y preservar para los iniciadores el rol de acicate y vigilancia, que pueden cumplir perfectamente.

El problema de fondo de nuestro Uruguay no es político. Sería menos problemático. Es cultural: una cultura conservadora, igualitaria, utópica y voluntarista, en cuyo carozo está el Estado, a la vez bastión y herramienta de esa cultura. Los "auto convocados" han tenido la intuición del problema, la valentía para plantearlo y el carisma para convocar a la lucha. Sería fantástico que ahora den un paso más, para hacer viables los cambios en una democracia lo que, para nada, debe verse como resignación o renuncia.

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