Ignacio De Posadas
Ignacio De Posadas

Pluna: las preguntas que faltan

Hay una básica, que es como la premisa mayor de toda esta trama. Como el libro del Génesis (porque es el primero, pero también porque allí se da el pecado original).

Hay una básica, que es como la premisa mayor de toda esta trama. Como el libro del Génesis (porque es el primero, pero también porque allí se da el pecado original).

¿Quién tuvo la idea de parar Pluna?
Hasta el más ignorante sabe que es mucho más difícil vender los pedazos de una empresa que la misma en marcha. ¿Qué razonamiento hizo el gobierno para apagarle la luz a Pluna?
Claramente no estaba pensando en que sería lo mejor para los trabajadores, ni para el resto de los acreedores (Ancap incluido).
La explicación oficial fue que por ese camino se aseguraba la famosa “conectividad”. Pero es una explicación absurda: parar la empresa y poner en venta los aviones (perjudicando a la masa) no generaría, per se, conectividad alguna. La decisión sólo puede tener sentido en una hipótesis: el gobierno sabía de antemano que habría un interesado en hacerse de la actividad de Pluna. De lo contrario, nadie ofertaría por los aviones.
Alguien le sugirió al gobierno que la solución para los problemas de Pluna era quebrarla y pasarle el negocio al sugerente. Si no fue así, si nunca existió un empresario del rubro que asegurara al gobierno poder hacerse cargo de la “conectividad”, la decisión de hacer quebrar a Pluna era una barbaridad.
¿Quién pudo haber sido ese empresario que, estando Pluna aún en actividad, le planteó al gobierno solucionarle el problema? O habrá sido al revés: ¿quizás fue el gobierno que tuvo la idea y se la planteó al empresario?
Mirado desde otro ángulo: cómo puede pensarse que en el Uruguay sea comercialmente viable vender en un remate un lindo lotecito de aviones?
¿Quiénes participaron en la decisión de quebrar Pluna rápidamente para pasarle el negocio a un empresario? ¿Es concebible que el Presidente hubiera estado ajeno al proceso?
Tomada la decisión de pasarle la actividad a otra empresa, uno puede explicarse la barbaridad jurídica de sustraerle a los acreedores los aviones: el empresario “conectante” iba a precisar aviones para cumplir el propósito.
En teoría podía conseguirlos por ahí, pero en qué condiciones financieras?
Cuando se plantearon y conversaron los detalles de la propuesta, ¿no discutieron las condiciones en que el nuevo empresario conectante se quedaría con los aviones? Será que prometió pagarlos de su bolsillo? Ciento treinta y siete millones, al contado, sin reclamo, ya está y se fue! Angelito, eso no se lo cree nadie.
Entonces, ¿de dónde iba a salir la plata? ¿Quién iba a financiar esos millones de dólares? ¿Cosmo? ¿Un banco privado, (cuando ninguno fue contactado)?
Es obvio que todo eso se discutió antes de bajarle la cortina a Pluna. El empresario tenía que estar seguro de hacerse de los fondos para pagar el remate y el gobierno también.
Pero no paran ahí las preguntas.
Va una fácil: ¿porqué, encima de violar el estado de derecho inventando una quiebra sui generis, inventar también el procedimiento del remate? Nunca se había visto en nuestro país el mecanismo pergeñado para la subasta de los aviones. ¿Para qué tanto? Pues para jorobar a los trabajadores, claro está. Quien comprara los aviones en la primer variante de remate arrancaba pelito y los trabajadores de Pluna a llorar al cuartito.
Obviamente que esto también figuró en las conversaciones entre el gobierno y el conectante previas a parar Pluna.
¿Quién resolvió que el paquete incluía perjudicar a los trabajadores? Está clavado que el conectante no los quería, pero ¿quién tomó la resolución de dejarlos en la palmera? ¿Sólo Lorenzo y Pintado? ¿Sin consultar al Presidente?
Ultima: cuando se armó todo el calote, previo a liquidar Pluna, ¿el conectante no exigió como contrapartida que le aseguraran pasarle las frecuencias de aquella?
El identikit se completa: la quiebra de Pluna fue fruto de un acuerdo previo del gobierno con un empresario. No cualquier empresario: uno conocido del gobierno, que operaba en el rubro y veía la posibilidad de ampliar su negocio.
Pero tampoco se trataba de cualquier gobierno: uno que estaba dispuesto a hacer votar una ley antijurídica y violatoria de los derechos de cientos de personas (porque cuenta con mayorías que le votan cualquier cosa – no olviden la responsabilidad en todo esto de los legisladores frentistas); a dejar en la parra a los trabajadores, a otorgar beneficios a dedo y a utilizar fondos ajenos para financiar todo el pastiche.

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