Ignacio De Posadas
Ignacio De Posadas

Nobleza obliga

Lo que está bien, está bien. Hace varios días, después de haber leído uno de mis artículos, un amigo argentino me preguntaba si el gobierno no me perseguía en represalia por las críticas, a veces duras, que hago de él.
Concretamente, quería saber si no habían mandado “la AFIP” (o sea, la DGI) a revisar los Libros del Estudio y fabricarnos deudas tributarias, para vengarse y amedrentarme. Aparentemente, en su país es práctica corriente.

Lo que está bien, está bien. Hace varios días, después de haber leído uno de mis artículos, un amigo argentino me preguntaba si el gobierno no me perseguía en represalia por las críticas, a veces duras, que hago de él.
Concretamente, quería saber si no habían mandado “la AFIP” (o sea, la DGI) a revisar los Libros del Estudio y fabricarnos deudas tributarias, para vengarse y amedrentarme. Aparentemente, en su país es práctica corriente.

Algo así, ya me habían preguntado tiempo atrás, y en más de una oportunidad, periodistas uruguayos.

Lo cual es, obviamente, mucho más grave, ya que no pesa ahí la distorsión de lo que pudiera ocurrir en otro país. Aquí el origen de la pregunta es pura suspicacia y eso no hablaría nada bien de nuestro país.
En todos los casos respondí la verdad: que no.
Que hasta ahora el gobierno Mujica no había procedido nunca de esa manera, ni contra mí, ni contra mi Estudio.

Pero mientras escuchaba al amigo argentino y recordaba esas otras instancias anteriores, me vino a la mente que quizás las impresiones y sospechas de esos interlocutores eran compartidas por otros.
Quizás mucha gente daba por hecho que yo era objeto de algún tipo de persecución o represalia de parte del gobierno, en castigo o como disuasión por los artículos que escribo.

En el fondo, puede no parecer algo descabellado. Tanto así que en más de una oportunidad incluso algunos de mis socios manifestaron inquietudes de igual calibre, sugiriéndome “en una buena”, que me abstuviera de apuntar las baterías contra las políticas del gobierno.
Pues no, no ha ocurrido.

¿Visitas de los Ferreris’ boys? Sí, por supuesto y con los ribetes de Elliot Ness que los viene caracterizando desde hace varios años (y que van a terminar como algún sonado episodio reciente de manejo impropio del poder). Pero eso por una deformación ideológica (y jurídica) que es aplicada a todo el mundo (bueno, a las empresas formales), pero no algo apunado especialmente, como venganza o prepotencia personal, sea contra mí o referidas al Estudio.

Me parece que es bueno que esto se sepa y es también reclamo de lealtad darlo a conocer, por si hubieran suspicacias generalizadas que terminarían perjudicando la imagen del gobierno. Lo hago por deber ético, pero también con satisfacción y hasta orgullo.

Al fin y al cabo, si bien obviamente no es un gobierno de mi simpatía, igual es mi gobierno. De eso se trata en la Democracia.

¿Qué es lo debido y que lo debido no debe llamar la atención? Cierto que es lo debido. Pero lo debido no es necesariamente siempre lo usual. De hecho, yo experimenté, bajo algunos gobiernos anteriores, episodios parecidos a las sospechas cobijadas por aquellos interlocutores que he mencionado.

Pasado. Aquellos episodios, tan poco agradables, ya fueron. Pero fueron. Demostrando que lo correcto y lo usual no necesariamente son coextensivos.

Sigo muy lejos de este gobierno y muy crítico de sus posturas, más culturales que ideológicas y creo que bueno sería para el Uruguay salir de este pozo cultural, político, jurídico y hasta ético, pero eso no me ciega a reconocer lo bueno cuando se da.

Lo contrario sería sectarismo, xenofobia. Nocivo para la Democracia, contrario a la Justicia y reñido con la Moral.



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