Ignacio De Posadas
Ignacio De Posadas

Nefastas rémoras culturales

"¡Paramos por Trabajo!” Viejo mantra del Pit-Cnt. Hace años que vienen parando, “por trabajo”. ¿Cuántos puestos de trabajo habrán creado en todos estos años parando?

No hay dudas de que el trabajo es uno de los problemas más graves que tiene el país. Que no es de ahora, viene de mucho tiempo atrás. Problema viejo. Problema estructural.

En la actualidad, agravado (o, más bien, desnudado) por la pandemia: hoy en día, entre desocupados y subempleados hay más de 340.000 personas. ¡Una barbaridad! Y eso a pesar de la cantidad de paros que ha hecho el movimiento sindical: ¿no será que no sirven?

Lo más absurdo, más aún que el razonamiento (o no razonamiento) de la central, es la naturalidad con que todos lo aceptamos. Los paros nos parecen algo normal, (como los empates de la selección).

Somos un país carísimo. No conseguimos venderle al mundo otra cosa que productos primarios, porque cuando le añadimos mano de obra, nos vamos de precio.

Encuestas recientes, de la Cámara Nacional de Comercio y de Delloite, muestran que el empresariado (grande, mediano y chico) contesta positivamente cuando le preguntan sobre el futuro de sus negocios y sus decisiones de inversión. Todo, menos la perspectiva de tomar más gente. A esa pregunta, aun los más optimistas acerca de su futuro, responden negativamente: no piensan emplear más personal.

¡Y eso que vienen bancando paros hace rato! Como que no los motiva, se ve.

¿No habrá que ponerle un poco más de pienso y de realismo al tema? Reconocer, por ejemplo, que la medida de parar como que no sirve para nada, (aparte de fastidiar a los que menos tienen).

La economía uruguaya va a crecer, pero el empleo no. Una economía que no genera trabajo no es funcional.

¿Dónde están los nudos?

No son misteriosos. Los conocemos todos.

Pero no todos los admiten y no todos se animan a decirlos públicamente.

Somos caros fundamentalmente porque nuestra mano de obra es cara y lo es por varios factores:

1.- Las cargas sociales. La idea en sí es muy buena. Pero así como está el sistema, mata el empleo. Por más que pare el PIT, esa ecuación no cambiará. Al revés.

Hora de decir públicamente que el dirigente sindical que se niega a una reforma de la seguridad social, o es muy burro, o cree que los trabajadores lo son.

2.- El marco regulatorio laboral es de otra época. Nadie habla de volver a las novelas de Dickens y Upton Sinclair, pero el mundo y el Uruguay cambiaron. Eliminar normas que traban y encarecen el trabajo no es neoliberalismo, es lucidez. Empezando por los Consejos de Salarios: su estructura no es para la realidad que vivimos. Así de simple. Así de obvio.

Por el camino en que vamos, los empleados más caros serán sustituidos o evitados (los paros serán cada vez más lumpen).

El sr. Mujica, siendo presidente, solía decir: “la barra no me la lleva”.

Entonces, será la realidad quien se lleve puesta a la barra (y a todos nosotros). Posar de auténtico no es solución, ni consuelo. Hay que jugársela.

3.- La formación: hay una sola manera, en el mundo en que vivimos, de crear empleo y de mejo- rar el salario (el real, no el nominal-voluntarista): aumentando la productividad. Para ello, la capacitación es fundamental.

El PIT tuvo la oportunidad de distraer su atención de los paros para enfocar este tema, cuando se creó el Inefop y fracasaron. En vez de usar la imaginación, (y los recursos aportados por las empresas), para ayudar a los que precisan formación, usó el Inefop para ayudar a compañeros dueños de ONG’s.

La otra rémora cultural nefasta la repitió hace unos días el Sr. Pereira, Presidente del PIT: “Hay que priorizar el déficit social sobre el déficit económico”. ¡Qué frase!

Terrible disparate. Pero a nadie se le mueve un pelo. Si fuera una zoncera original, vaya y pase, pero hace años que el país la padece, encarnada en políticas gubernamentales. ¿O ya nos olvidamos que el PIT estuvo en el poder quince años, a través de su brazo político (el que pusieron ahora a juntar firmas) y lo que consiguió fue hacer un gran daño social a través de políticas económicas voluntaristas (y proyectos disparatados: Regasificadora, Alas U, Envidrio, negocios con Venezuela, Puerto de Aguas Profundas, Antel Arena... etc., etc.)?

Nuestros problemas más duros ya ni siquiera son ideológicos: son culturales. Mucho de lo políticamente correcto, es económicamente nefasto. Agachar cabeza y cabrestear solo sirve para confirmarlo.

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