Ignacio De Posadas
Ignacio De Posadas

¡Este muchacho!

Típico de Uruguay: desde hace más de un mes oigo el comentario, repetido y constante: ¡che! ¡Cómo maduró este muchacho! Lo dice gente de todos los pelos políticos.

Por un lado, es algo muy uruguayo: ¿en qué otro lugar del mundo un hombre con cuarenta y pico de años sigue siendo “un muchacho”? Es la edad que tenía su padre, poco más o menos, cuando fue presidente.

Pero más allá del anecdotario cultural, hay algo muy poco común en nuestra sociedad, tan pequeña y provinciana: Luis rompió el rótulo que le habían puesto, borró la caricatura: el nene bien que hace surf y vive en un “barrio privado”.

Día a día, paciente y constante, con su prédica, con su estilo y con su postura, Lacalle Pou hizo un click, un click diferente, en el imaginario colectivo. Equilibrado, ecuánime, ponderado, firme, profundo y -muy importante- humilde (no “pobrecito”, humilde): cómo cambió este hombre joven. Una señal de inteligencia o, para decirlo con más propiedad, de sabiduría.

Nadie sabe cómo le irá en el gobierno. Es así en todos los casos, ya que no depende solo de una persona, pero lo que está claro, lo que ha terminado por calar en la gente, es que Luis Lacalle se preparó para gobernar y que hoy está preparado. Preparado para lo que ya se sabe exigirá el próximo gobierno: imaginación, capacidad de escuchar y articulación. Para empezar. Después, puede venir todo lo demás.

La Democracia está viviendo tiempos de crisis en muchos países. Crisis violentas y sorprendentes en algunos casos: España, Francia, Ecuador y ahora Chile. Fenómenos para los cuales se ensayan diferentes explicaciones (la desigualdad, frustraciones económicas… etc.), pero que, más allá de los intentos puntuales por interpretar lo inconcebible, hay factores que se repiten y frente a los cuales no tenemos garantía de inmunidad: grandes masas de ciudadanos no se sienten representadas (no solo por los gobiernos, tampoco por las oposiciones). Más aún, se sienten alienados: están contra todo y contra todos.

Gobernar es, desde cierto punto de vista, administrar expectativas y eso, en los tiempos que corren, con expectativas (y temores y frustraciones) manijeadas por la globalización, es algo extremadamente difícil.

No es un tema solo de manejar recursos, es también de ajustar la conducta y el talante a esa realidad. Es ser humilde, es saber escuchar, es no prometer quimeras, es mantenerse cerca de la gente y, fundamental, es ser honesto.

La forma como las reacciones ocurrieron en aquellos países, tan sorpresiva como violenta, tan espontánea como carente de metas específicas, revela que los sistemas políticos no tenían ni idea de lo que se venía fermentando en sus sociedades.

Lacalle Pou ha demostrado que tiene ese perfil. Después tendrá que ver si consigue escapar a las trampas que el poder suele armar. Pero eso solo podremos exigírselo mañana, si ocurre. Hoy muestra que está preparado.

¿Y del otro lado?

A diferencia de lo ocurrido con Lacalle, nadie se sorprendió por el desempeño de Daniel Martínez como candidato. Es más, los primeros que no creyeron en él para presidente fueron los propios dirigentes de su Frente Amplio. Una de las características -insólita- de la campaña del Frente es que nadie hablaba de Martínez. Los dirigentes hablaban del Frente y de sí mismos, de Daniel Martínez, ni mu. Es impresionante, por ejemplo, la publicidad del MPP: hay que hacer grandes esfuerzos por encontrar el nombre del candidato a presidente. Queridos (¡y sufridos!), lectores, ¿no se dieron cuenta de que esta elección pasada es la primera en la historia del Uruguay donde el candidato a presidente no integra ninguna de las listas al Senado? Prueba rotunda de que nadie creyó que Martínez podía aportarle algo.

Eso le genera al Frente, un serio problema: hasta octubre bastaba con no hablar del candidato (y con no dejar hablar a la candidata), pero ahora, cuando no hay otro tema posible, en cuanto Martínez salió a decir, en su discurso de derrota, que la cosa iba a ser entre dos personas, enseguida se abalanzaron a ubicarlo: el que va a mandar será Orsi, puesto por Mujica y la cosa no será hablar a favor de Martínez sino en contra de Lacalle. Ya verán, la campaña será todo en torno a Lacalle.

Y, de paso, Mujica colocó en el pescante a su pollo para la próxima. Fue siempre su preocupación: desde el primer día dio a entender que esta elección la veía perdida. Por eso ni se preocupó por la candidatura a vice, a pesar de que políticamente le correspondía. Completará su estrategia -ya lo anunció- poniendo a Sánchez de candidato a la Intendencia de Montevideo, con lo cual Martínez irá -también lo anunció- a cuidar a sus nietos.

Sé que a muchos les cuesta abandonar la caricatura y se resisten a ver la realidad, pero abran los ojos: hay un solo presidenciable.

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