Ignacio De Posadas
Ignacio De Posadas

Estado y mercado, ¿cuál es?

La Vieja discusión. Nunca zanjada. Capaz que no tiene final. Pero lo que es seguro es que rara vez se discute en busca de un resultado práctico.

Las discusiones suelen ser con el cuchillo entre los dientes, a partir de posiciones dogmáticas y usando armas ideológicas arrojadizas.

Aun así, vale la pena intentar un encare más racional-práctico-histórico.

Hasta más o menos la entreguerras, las discusiones eran más sobre el gobierno que sobre el Estado. En parte porque éste todavía no abarcaba tanto y en parte porque históricamente, las primeras atropelladas liberales (Adam Smith, John Stuart Mill, etc.) enfocaban el mal prevalente en la época: la multiplicidad de regulaciones, gremios cerrados, trabas, etc. Los bienes a defender eran los derechos básicos: vida, libertad, propiedad, siendo estos dos últimos casi una unidad: ya Locke tenía claro que sin una base económica que diera al hombre una independencia mínima, la libertad era una quimera.

La 1era. Guerra fue, además, un terremoto social y económico. Los países (sus dirigentes) creyeron que sería otro conflicto relativamente corto, llevado adelante por guerreros profesionales. En vez, duró mucho y, sobre todo, succionó a sociedades enteras. Entre sus consecuencias: 1. Los gobiernos se vieron obligados a intervenir en las economías, decidiendo qué producir, cómo y cuánto, inaugurando un grado de planificación obligatoria e intervencionismo estatal nunca vistos, y, 2. Provocando la igualación, por la fuerza de los hechos, de grandes capas sociales y sexuales de las poblaciones: al peón y al sirviente que peleaba en las trincheras codo a codo con los señoritos, terminada la guerra, era ridículo decirles que podían morir por su país, pero no votar en él. Lo mismo que a las miles de mujeres que participaron de las fuerzas armadas.

Resultados: 1. Economías altamente planificadas, con fuerte presencia del Estado y, 2, grandes ampliaciones de los padrones electorales, dando entrada al proceso democrático a personas con expectativas y exigencias que no se limitaban a los tres derechos básicos. Irrumpen en el juego político, reclamos por trabajo, salud, jubilación, vivienda, etc., junto a pretensiones de mayor igualdad.

La discusión ya no será sólo acerca de cómo limitar el poder de los gobiernos para preservar la vida, la libertad y la propiedad. Se sumarán las tesis de que la propiedad esclaviza, que la libertad solo puede ser tal en la igualdad y, por último, que es mucho más eficiente producir y distribuir a partir de planes de desarrollo centralizados.

He ahí instaladas las dos fortalezas en pugna: Estado vs Mercado.

Ahora bien, ha pasado mucha agua debajo de los puentes desde entonces y hay algunas cosas que van quedando bastante comprobadas:

1. Que la propiedad privada no genera per se ni alienación ni esclavitud

2. Que lo de la plusvalía fue un invento teórico sin ningún asidero en la realidad.

3. Que el ser humano se ocupa mucho más de las cosas si le son propias.

4. Que a la hora de producir, el mercado es mucho mejor asignador de recursos que el Estado.

5. Que la planificación centralizada, más allá de situaciones excepcionales y acotadas en el tiempo, funciona pésimamente mal.

6. Que el mercado precisa de normas objetivas.

7. Que el mercado es imperfecto y sufre fallas.

8. Que hay situaciones que requieren grados de distribución y de asistencia que no funcionan bien a pura iniciativa privada.

9. Que el Estado tiende a quitar alicientes y a matar la iniciativa privada.

10. Que libertad e igualdad son ambas necesarias pero, a la vez, tensionan en direcciones opuestas.

11. Que el Estado tiende a generar burocracia, la burocracia más burocracia, más, más y más.

12. Que la Democracia, al convertirse en una máquina que busca contemplar expectativas, nunca llega a contentarlas, generando frustraciones y reacciones.

13. Que en la mayoría de las democracias, el Estado ha entrado en una realidad de rendimientos decrecientes. Frente a expectativas siempre crecientes.

14. Que hay economías de mercado sin democracia, pero no lo inverso.

15. Que hay dos visiones antropológicas referidas a la política y a la economía: la del razonable pesimismo con relación a la naturaleza humana y la del voluntarismo esquizofrénico, que cree, a la vez, en la superioridad de los míos y la inferioridad de los otros. Lo que se traduce en la necesidad de que los míos manden y los otros obedezcan.

Por último, las discusiones teóricas de Mercado vs Estado no sirven para mucho. Mejor discutir cosas concretas. Por ejemplo, si ya no hay evidencias suficientes en el Uruguay de que para obtener resultados es mejor salir de los carriles estatales. En definitiva, coincidieron sobre esto tanto Lacalle con sus proyectos de desregulación y privatización, como Tabaré Vázquez al negarle a ANEP el manejo del Plan Ceibal, su buque insignia de la primer presidencia y tanto él como Mujica, al haber batido todos los récords de creación de sociedades anónimas para actividades estatales.

Si aterrizamos la discusión es posible que consigamos destrabar mucha cosa en nuestro país, encarecido y maneado por la intervención, tanto regulatoria como directa del Estado.

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