Ignacio De Posadas
Ignacio De Posadas

Marihuana e improvisación

Para empezar, los argumentos no son muy sólidos: que hayan fracasado los métodos de represión usados hasta ahora es, en primer lugar, algo relativo, ya que no es posible probar que sin ellos la situación sería igual o peor. Pero aun suponiendo que sí lo fuera, el fracaso de la represión no implica per se el éxito de la permisividad. Capaz que es todavía peor, (como teme la mayoría de la población).

Para empezar, los argumentos no son muy sólidos: que hayan fracasado los métodos de represión usados hasta ahora es, en primer lugar, algo relativo, ya que no es posible probar que sin ellos la situación sería igual o peor. Pero aun suponiendo que sí lo fuera, el fracaso de la represión no implica per se el éxito de la permisividad. Capaz que es todavía peor, (como teme la mayoría de la población).

Después vino la ley que, como es habitual con este gobierno, pasó por el parlamento como escupida de músico y, medio a las cansadas, la reglamentación. Ahí se complicó la cosa. Claro, empezaban a acercarse a la realidad. Una cosa es hacer voluntarismo genérico y muy otra tener que aterrizarlo en una reglamentación. Ni te digo lo que va a ser poner todo esto en práctica. Pero ya la reglamentación da una buena idea del catereté en que el gobierno se ha metido (y metido al país).

Les llevó meses decantarla (hasta demoras de último momento para anunciarla en conferencia de prensa) y miren lo que salió:
- Registro público y previo de los consumidores: en el Correo (?!) con huella digital (¿alguien tuvo la experiencia, luego de ser robado, de que encontraron al chorro por las huellas digitales?).

- Emitirán tarjeta de usuario.

- La venta será en farmacias. No más de 40 grs. por persona, por mes o 10 por semana. ¿Habrá un clearing entre las farmacias para evitar que el consumidor compre en más de una? Lo hará el Correo, sin duda.

- La plantación mayorista estará reducida a seis productos, licenciados: ¿cómo se otorgarán las licencias? ¿Cómo evitar que otros planten?

- Sólo se podrá plantar en tierras del Estado y bajo custodia militar o policial.

¡Qué tranquilidad!

Ahora pregunto: si la marihuana no es nociva ni conlleva riesgos, ¿para qué tanto lío?

Pero sigamos:

- También puede plantarse en casa. Para eso no parece exigirse ni registro, ni licencia. Pero, eso sí, no más de 6 plantas y no más de 480 grs por año.

- Podrán asimismo haber “clubes canábicos”, pero no pueden tener menos de 15 socios, ni más de 45. ¡Dios sabrá porqué!.
- Los clubes pueden poseer 99 plantas. No cien. Solo 99.

- Cada socio no puede retirar más de 480 grs, por año. Todo controlado por el MEC (¿a través del Correo?)

- ¡Ah! Y los plantadores y los socios de clubes no pueden comprar en las farmacias. Capaz que les ponen un chip y le encargan el control a Dicose que está muy baqueana por lo de la trazabilidad.

- Estará prohibido el consumo en los lugares de trabajo, los centros educativos y de salud, las ferias, buses, aviones y trenes. Esto último será lo más fácil de aplicar porque no hay.

- En cambio, la cosa se complica en el caso de las empresas: se prohibe consumir, pero también se prohibe despedir. Salvo autorización sindical. Otra violación a la libertad de comercio consagrada en la Constitución (y al sentido común).

- Habrá que registrar las variedades de semillas.

- Y se creará un cuerpo inspectivo especializado. Otro más.

La sola lectura de todo esto hace evidente el absurdo voluntarismo que lo inspira. En la misma edición de El País donde se informa de la conferencia de prensa, aparece la noticia de que al Poder Judicial le fallaron controles y fueron escuchadas miles de llamadas telefónicas. Si el Estado no puede controlar eso (ni la educación, la salud, la seguridad, la recolección de basura…) ¡¿cómo se les ocurre que van a fiscalizar las macetas, los gramos, los consumidores y todo lo demás?!

Pero lo más preocupante es que, lanzados soberbiamente a lo desconocido, con la frondosa imaginación que tienen para legislar y reglamentar por la patología, no se les ocurrió lo más importante, lo más elemental: hacer un seguimiento clínico de los efectos de este chiveo sobre las personas.

No tienen idea en lo que se están metiendo e induciendo a otros a meterse y no piensan, en vez de la zoncera de los gramos y las huellas dactilares, en establecer un sistema de monitoreo médico a consumidores, para poder saber qué efectos tiene lo que alegremente promueven. Hace unos días, The Economist (16/4), informaba que en los EEUU la experiencia permisiva del estado de Colorado está generando preocupación a nivel científico.

“Hans Breiter, profesor de psiquiatría y ciencias del comportamiento en la Universidad Northwestern de Chicago, está preocupado porque el apuro por promocionar el uso recreacional es inconsciente y que no se ha puesto suficiente pienso en el equilibrio costo-beneficio. En un artículo publicado en el Journal of Neuroscience, el Dr. Breiter, junto a un grupo de investigadores de Northwestern, el Massachusets General Hospital y el Harvard Medical School, encontraron que el tamaño, la forma y la estructura de partes del cerebro son afectados en adultos jóvenes que fuman tan poco como una vez a la semana”… “Los análisis mostraron anormalidades estructurales en la densidad de la materia gris…. Junto con cambios en el volumen y forma. Adicionalmente, sus análisis de consumidores de marihuana mostraron reducción de la densidad de materia gris en otras regiones del cerebro…” etc.

El gobierno todavía está a tiempo, por lo menos de monitorear y acotar el disparate.

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