Ignacio De Posadas
Ignacio De Posadas

Tienen que irse

Me refiero al Frente, claro está. Lo que quizás no esté igualmente claras son las razones.

No se han calibrado bien las causas. Muchos creen que debe irse por la sumatoria y la dimensión de sus fracasos. Y en eso tienen razón. A la hora de gestionar el Frente ha sido un queso: quince años de mayoría absoluta, junto a más de diez de bonanza económica: ¡qué papa!

Resultados:

-Seguridad: gastó mucho más y obtuvo cada vez más delincuencia, violencia y temor.

-Educación: gastó todavía más y consiguió los peores resultados de la historia.

-Marginalidad: creó un ministerio, lo pobló de burócratas, desparramó subsidios y consiguió que mejorara la medición de pobreza (en pesos) y empeorara la de marginalidad (en condiciones de vida).

-Trabajo: a partir de una concepción perimida, (marxismo), primero fogonearon a los sindicatos y ahora no saben cómo pararlos. Resultados: no tan mal en lo inmediato, medido en términos de salarios reales, pero armaron una trampa mortal para los trabajadores. Manijeando conceptos y valores de otros tiempos, los metieron (y a los sindicatos) en un tren blindado que corre por una vía, sin escalas, al precipicio. Todo el cúmulo de reclamos producidos por la práctica del obsoleto sistema de negociación tripartita ha llevado a cargar el trabajo de tal cantidad de reglamentaciones y “beneficios”, que ya es casi imposible exportar mano de obra.

-Manejo microeconómico: el iluminismo voluntarista progre, está haciendo cada vez más difícil producir. El contrato con UPM, más allá de otras consideraciones, como su nulidad jurídica, constituye un claro mensaje de cómo ven al país empresarios inversores: voy si me sacás de encima todo lo que le pusiste a los demás..

-Infraestructura: con la fortuna que han recauda-do, ¿qué le dejaron al país (aparte del Antel Arena)? Tenemos la carga tributaria más alta de nuestra historia.

-Infraestructura institucional: (estado de Derecho): quizás por fidelidad al principio marxista de menosprecio por el derecho formal, quizás por la notoria poca aplicación a la tarea de gobernar (particularmente en nuestros presidentes), la garantía de vivir bajo el imperio de la constitución y de un marco jurídico acorde, se ha visto muy erosionada: desde el contenido de leyes votadas express por mayorías poco afines al estudio, a decretos inconstitucionales y a vacíos jurídicos utilizados con prepotencia por algunas reparticiones públicas, dotadas del poder de amedrentar a los contribuyentes.

-Pufos históricos: como Pluna y Ancap.

Podríamos seguir, mencionando otros aspectos, pero no vale la pena extenderse más en un campo donde la mayoría coincide.

Porque hay otro, tanto o más importante, que no se percibe y por ello hace mucho daño. La izquierda fracasó en la batalla por la gestión pero ganó la del discurso y la cultura. Para empezar, ha impuesto un relato histórico, inventado, que condiciona la manera de pensar de muchos uruguayos y por ello, la realidad.

Desde el bolazo sobre que los tupas se alzaron contra los militares, pasando por el otro: que estos fueron echados por la izquierda, hasta aquel que ha convencido a un pueblo, de que allá por los ’90 el Uruguay vivió un infierno neoliberal, donde los patrones azotaban a los trabajadores, el gobierno cobraba impuestos para darle plata a los bancos y los niños comían pasto, todo en un casino llamado mercado y bajo un gobierno demoníaco: neoliberalismo. Todo esto a pesar de los datos reales sobre crecimiento de la economía y del ingreso, reducción del gasto, aumento de las exportaciones… etc…, y que cuando gobernó el Frente, de todo ese horrible andamiaje neoliberal, apenas tocó la estructura tributaria (dejando el IVA y aumentando el resto de los impuestos), las relaciones laborales (Consejos de Salarios e inflación re- gulatoria) y el Sistema Nacional de Salud (bomba de tiempo para el próximo gobierno). ¡Ah! También aumentaron las sociedades anónimas propiedad del estado, que operan sin con-troles y el financiamiento público para actividades inviables.

El relato ha sido muy exitoso (y muy condicionante). Si no me creen, pongan atención a la campaña electoral en curso. En lo que se dice y, más aún, en lo que no se dice.

Sobre aquella base, la izquierda fue expandiendo su receta a otros campos. Reinventó el viejo concepto marxista de alienación y lucha, rescatándolo del terreno de la economía, donde había muerto a manos de la realidad, para llevarlo al de otras relaciones humanas. Así construyeron nuevos focos de odio y enfrentamientos, bajo la máscara de defender derechos minoritarios: la ideología de género, la alienación racial, la manija en favor de “derechos”, como a la libertad sobre el cuerpo, fueron construyendo un nuevo arsenal reivindicativo enfrentado a valores fundamentales, como la vida, la familia, la libertad y la propiedad.

Por último, la increíble influencia de José Mujica sobre la cultura uruguaya es otro factor, letal: el paisito del más o menos, del “no me la llevan”, del da lo mismo una cosa que la otra, todo atado con alambre.

Es principalmente por esto que tienen que irse. Ya.

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